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La CNTE y la 3 de 3

Nadie le ha podido ganar una elección presidencial a Andrés Manuel López Obrador, él siempre se ha derrotado solo. En la campaña del 2006, contra Felipe Calderón, su procacidad verbal y sus excesos de confianza lo llevaron a perder el puñado de votos que hubieran marcado la diferencia. En su contra operó la movilización electoral de Elba Esther Gordillo y el sindicato magisterial, pero aun así, las heridas autoinfligidas desangraron los apoyos que hubieran podido cambiar la historia. Con la protesta postelectoral y el desafortunado plantón sobre Avenida Reforma, AMLO se pintó a sí mismo como la caricatura estridente que dibujaban sus adversarios. En el 2012, estos elementos de su biografía ensombrecieron sus esfuerzos por presentar una versión más serena de sí mismo.

Para la campaña del 2018, AMLO se mantiene fiel a los yerros que han marcado su carrera política. El acercamiento con los intereses de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) seguro le genera el aplauso acrítico de sus devotos más fervientes. Sin embargo, en un país muy diverso, con 80 millones de electores, se necesita de una base electoral mucho más amplia para ganar la Presidencia.

La muerte de nueve personas en Nochixtlán, Oaxaca, ha convertido un problema político en una crisis nacional. Después de la tragedia y el luto de las familias, el otro desastre es la falta de credibilidad de las autoridades para producir una hipótesis de verdad sobre la forma en que ocurrieron los hechos. Un domingo funesto, nueve personas son asesinadas a plena luz del día y el Ministerio Público no puede construir una narrativa verosímil de los hechos.

El crimen de Nochixtlán ha puesto sobre el patíbulo a la reforma educativa. Hace unas semanas, el gobierno planteaba que "la ley no se negocia", pero hoy se ha puesto sobre la mesa cancelar la evaluación magisterial. Diluir el potencial transformador de la reforma sería una traición contra los millones de niñas y niños que tienen en la educación pública la única arma para enfrentar esta patria de adversidades. México es un país fracturado por asimetrías de ingreso y oportunidades. La reforma educativa busca cerrar brechas entre los infantes que asisten a una escuela en la ciudad de Querétaro y los que van a un centro escolar en la sierra de Guerrero.

Las resistencias de la CNTE a asumir las consecuencias de la reforma educativa me traen a la mente la intransigencia de varios actores políticos por tener que hacer pública una versión de sus declaraciones patrimonial y de intereses. Ni unos ni otros quieren ceder sus privilegios. Un grupo no quiere enfrentar el tamiz de las evaluaciones para mantener sus empleos. El otro quiere preservar la posibilidad de hacer fortunas desde sus curules y cargos públicos. Los flamantes aliados estratégicos de AMLO no quieren rendir cuentas sobre sus aptitudes para desempeñarse en las aulas. El PRI, el Verde y otros miembros de la partidocracia se han mostrado reticentes a transparentar el choque potencial entre sus intereses privados y sus responsabilidades públicas. AMLO se opone sistemáticamente a ambas cosas: la evaluación magisterial y la rendición de cuentas de los servidores públicos con altos niveles de responsabilidad.

Reformar la educación o combatir la corrupción no son procesos fáciles que se inician hoy y se culminan la próxima semana. La CNTE no puede ganar, pero tampoco puede perderlo todo. No se puede ceder en el fortalecimiento de los derechos de los niños, pero sí se puede avanzar en esclarecer la ruta de ascenso profesional de los maestros. La construcción de la meritocracia magisterial no puede estar basada sólo en los pilares de la evaluación y la sanción. Desde las aulas de Oaxaca hasta las curules del Senado, los ciudadanos queremos más evidencia para evaluar a nuestros servidores públicos. Quien logre entender ese mensaje tendrá ganado un buen trecho del futuro.

Publicado por Reforma
10-07-2016