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La gallina y el chivo

La gallina de los huevos de oro pasó a mejor vida y ahora el chivo de la barbacoa está en riesgo de muerte. México ha dejado de ser un país petrolero para convertirse en un importador neto de combustibles. La belleza alucinante de nuestro país ha convertido al turismo en uno de los principales motores de la economía. La semana de violencia en Cancún y Playa del Carmen pone una sombra de duda sobre el futuro de la industria turística de nuestro país. En el 2014, el IMCO publicó estas ominosas líneas en las primeras páginas de su Índice de Competitividad Urbana:

"Acuérdate de Acapulco. Acuérdate o que te cuenten tus mayores, porque difícilmente lo verás de primera mano. Hoy Acapulco ya no es sinónimo del glamour y el jet set de María Félix y Agustín Lara, de medio Hollywood paseando por la Costera. Ese Acapulco se murió. O, más bien, lo matamos. La muerte fue lenta, a golpes de pequeñas decisiones y negligencias cotidianas. Un permiso ilegal de construcción aquí, la tolerancia a una invasión de tierras allá. Hoy un edificio de 20 pisos sobre la playa, mañana una corruptela en la construcción del drenaje. Pequeños atentados contra el territorio, contra la vista, contra el sentido común, contra el espacio público y el medio ambiente. Nada muy grande en lo individual, pero con efectos acumulados gigantescos... Como era inevitable, las catástrofes llegaron (a Acapulco). Las naturales, por supuesto: Paulina en 1997, Ingrid y Manuel en 2013. Las sociales también: la crisis de seguridad, más de 3000 homicidios entre 2011 y 2013, la extorsión a escala epidémica. Y la económica: la pérdida de turistas (sobre todo extranjeros), entre 1988 y 2012 el flujo de pasajeros aéreos internacionales a Acapulco disminuyó más de 90%... Lo que le ocurrió a Acapulco, no tiene que sucederle a Cancún o a la Riviera Maya".

¿Quién ejecutó a la gallina de los huevos de oro? ¿Quién amenaza al chivo de la barbacoa? Acapulco, Pemex y Quintana Roo han sido devastados por la tormenta perfecta de la corrupción y la impunidad. Después de los desastres provocados por las tormentas Ingrid y Manuel en septiembre de 2013, el presidente Peña Nieto ordenó una investigación sobre los desarrollos inmobiliarios que se realizaron en los bordes de los ríos y otras zonas de riesgo de inundaciones. El Presidente dio un plazo de un mes para entregar el reporte. Un año y medio después, Sedatu presentó 20 cuartillas con muchas generalidades y ninguna autoridad o individuo que pudiera ser responsable por auspiciar la anarquía urbana de Acapulco.

Desde el 2014, el periódico Reforma reportó que Pemex compró plantas para producción de fertilizantes, cuando el mercado mundial tenía un problema de sobreoferta. La operación no tenía ninguna lógica financiera ni de mercado, salvo que se quisiera hacer un generoso emolumento a los antiguos dueños de las fábricas, con el dinero de todos los mexicanos. Igual que los desarrollos inmobiliarios de Acapulco, este probable caso de corrupción en Pemex, en tiempos de Emilio Lozoya Austin, no ha derivado en acusaciones penales o responsabilidades administrativas.

Mientras una balacera en Quintana Roo atentaba directamente contra la joya de nuestra industria turística, Roberto Borge, el ex gobernador del estado, se paseaba por las gradas de un partido de basquetbol en Miami. El gobierno que atrapó dos veces a El Chapo Guzmán no puede echarle el guante a Borge y a los otros integrantes de la cleptocracia organizada que han devastado a nuestro país. Si crees que Donald Trump es el principal problema de México, mejor piensa en la plaga que mató a la gallina y ahora amenaza la sobrevivencia del chivo.

Publicado por Reforma
22-01-2017