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La información, un gran paso para la humanidad

El próximo 20 de julio se cumplirán 50 años de aquél día cuando, siendo las 15:17 horas de Houston, Texas, Estados Unidos, un ser humano pisaba la luna. La humanidad se salía de la “caja” y tocaba nuevas fronteras en el desarrollo de la tecnología. Por si fuera poco, las personas que no asistieron a la reunión lunar también pudieron presenciar, por primera vez en la historia, de un evento en tiempo real desde cualquier parte del mundo.
Ese gran paso para la humanidad dio pie a una modernidad que posteriormente motivó a la ciudadanía para demandar desde una perspectiva social, un “aquí y ahora” en tiempo real. Esto después se traduciría en diversas manifestaciones de las cuales surgieron mecanismos de exigencia social para que los gobiernos rindan cuentas.
El surgimiento de dichos mecanismos ha sido fundamental para lograr un mayor alcance de la participación ciudadana en donde, aprovechando el desarrollo tecnológico, se puede contar con un común denominador de la rendición de cuentas, la información. Se trata del insumo que por antonomasia tiene el poder de argumentar o no la legitimidad del quehacer gubernamental y cada vez ofrece mayores posibilidades de sistematización, conservación y usabilidad. En la medida en que se cuente con una mayor información útil para la ciudadanía, mayor será la posibilidad de eliminar cualquier diálogo sordo en donde la ciudadanía bien podría decir que todo está mal, mientras que el gobierno responderá que todo está bien.
Si bien diversos actores sociales como medios de comunicación, ciudadanía, empresas, académicos, etc., son más sensibles a los aspectos negativos de críticas dirigidas a un político o al gobierno, para el ciudadano promedio eso se disipa como consecuencia de que en ocasiones no tiene conciencia ni claridad de lo que implica gobernar, ni de cuál es su papel como ciudadano. No tiene información disponible. Aunque en ocasiones los gobernantes parecen insistir en mandar un mensaje de que tampoco saben cuál es el significado de su labor, pero eso es tema de otra columna.
Maquiavelo y Platón abordaron las concesiones que tienen el príncipe y el político, respectivamente, para mentirle a la gente. Sin embargo, eso parece un problema desde el origen, ya que si la autoridad tiene posibilidad de mentir, de no dar información correcta, y se sostiene solamente por la potestad de su cargo, se corre el riesgo de crear condiciones que permitan a cualquier gobernante abusar de sus facultades para cambiar el ideal del bien común por el propio y abrir paso a la corrupción de leyes, instituciones y en general de su función. Al final, esto se traduce de cara a la ciudadanía en algo cada vez más común en el mundo, la desconfianza en los gobiernos.
Publicado por Milenio
11-07-2019