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La luna y la niña

"Hemos decidido viajar a la luna en esta década, no porque sea fácil... sino porque esta meta nos servirá para ponderar e impulsar lo mejor de nuestras energías y habilidades". Con esta frase, el presidente John F. Kennedy le anunció a su país y al mundo que Estados Unidos invertiría inmensos recursos humanos y financieros para vencer a la Unión Soviética en la carrera espacial. La claridad del propósito permitía disparar la imaginación colectiva: "vamos a ser los primeros en llegar a la luna". Kennedy construyó una narrativa muy simple para comunicar una epopeya. El presidente número 35 en la historia de Estados Unidos murió en 1963, apenas 14 meses después de enunciar dicha hazaña. En julio de 1969, la tripulación del Apolo 11 convirtió el discurso de Kennedy en una proeza de la humanidad.

México necesita una visión semejante. No me refiero a que debemos construir una nave intergaláctica inspirada en una estela maya, o darle un peso más al absurdo programa espacial mexicano creado en el sexenio de Felipe Calderón. Nuestro país tiene demasiados problemas al nivel del suelo para ponerse a pensar en un viaje a las estrellas. Nuestra República necesita una meta que sea capaz de detonar el empeño y la voluntad colectiva. El ciclo de reformas económicas de 2013-2014 necesita una narrativa integral que dé sentido y propósito a esta compleja secuencia de cambios en nuestras normas e instituciones.

"Combatir la pobreza" es una meta noble y vigente, pero el objetivo es tan añejo y gastado que ha derivado en un lugar común. "Democratizar la productividad" es un propósito clave para México que sólo logra inspirar a los nerds y a los estudiantes de segundo semestre de la carrera de economía. Reconozco, con una abolladura en el amor propio, que nadie va a llenar el Zócalo de gente con el loable empeño de "Fortalecer la competitividad de la economía". La luna, el satélite natural de la Tierra, es una esfera hermosa y coqueta que cambia su forma según el ciclo de las negruras y los reflejos. Es una inspiración de los poetas y un asombro de belleza cuando se muestra llena, sin sombras ni pudores. Por eso mismo, la redondez satelital es una materia prima para detonar los suspiros y la imaginación de multitudes.

Pocas cosas inspiran más que la luna, pero cualquiera que haya caminado por la calle con una carriola sabe el efecto de felicidad contagiosa que produce la sonrisa de una bebé. La mirada de una niña o un niño son una apelación inevitable a nuestros mejores instintos. La continuidad de nuestra especie depende en gran medida del cuidado y afecto que tenemos los adultos con los humanos más pequeños. Cambiar la baraja de oportunidades de vida que tienen las y los mexicanos menores de 16 años debería ser la narrativa que da sentido al cuerpo de reformas estructurales, en especial, el nuevo orden del sector petrolero.

Hoy el mexicano de 15 años y más tiene una escolaridad promedio de 8.6 años. Es tiempo de plantearse la meta de aumentar el promedio de escolaridad a segundo o tercero de preparatoria antes de 2024. En una década tendría que aumentar la infraestructura escolar y transformar las capacidades de los mejores maestros, para garantizar que todos los mexicanos tengan acceso a educación de nivel preuniversitario. Otra gran meta para movilizar los recursos y talentos del país sería proponerse a formar la primera generación de mexicanos con dominio básico del idioma inglés. Un país donde el joven promedio tiene grado de prepa y además se defiende en la lingua franca de la economía global sería un México muy distinto. Un país con menos pobreza, más productivo y con mayores aptitudes para competir. La meta suena tan imposible como el sueño de llegar a la luna.

Publicado por Reforma 
13-07-2014