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La plaga

En la Ciudad de México, en el Viaducto Tlalpan a la altura del Metro Xola, hay un anuncio espectacular con la faz barbada de Víctor Hugo Romo, el delegado de la Miguel Hidalgo. La demarcación que gobierna se encuentra a varios kilómetros de distancia del lugar donde está plantado el anuncio monumental, pero eso no importa. Sus ambiciones políticas no reconocen las fronteras delegacionales. Es imposible transitar por el DF sin encontrarse con cientos de pendones, escritorios de valet parking, posters en puestos de periódicos y vallas con la foto del funcionario perredista. El lema promocional de Víctor Hugo Romo, "Tú pagas, tú mandas" está basado en la campaña publicitaria de un negocio de sexo-servicio (Reforma, 05/02/2014) y en una profunda ignorancia de los principios democráticos. En la delegación Miguel Hidalgo, ¿quien paga más, manda más? En una democracia, el poder soberano reside en los ciudadanos y no en los contribuyentes. En la antigüedad, se restringía el derecho al voto de acuerdo a la capacidad de pago. Afortunadamente, ni México, ni la delegación Miguel Hidalgo tienen una democracia censataria.

El problema es mucho más grande que el analfabetismo político del delegado Romo, o la patológica autopromoción de gobernadores, presidentes municipales, diputados, regidores, etcétera. Esta plaga se puede convertir en la enfermedad terminal de la democracia mexicana.

Si se audita el presupuesto de comunicación social o publicidad de la delegación Miguel Hidalgo, es probable que las facturas y las cifras no reflejen el costo total de estas campañas. Va un ejemplo hipotético, con un guiño a Jorge Ibargüengoitia y su Ley de Herodes. Juan Vargas, el presidente municipal de San Pedro de los Saguaros, quiere poner un póster con su foto en cada poste y cada esquina de su ayuntamiento y demarcaciones circunvecinas. Eso cuesta mucho dinero y dicha frivolidad no se mira muy bien en los presupuestos públicos y las auditorías externas. Para resolver este problema, llega un contratista dueño de la empresa Infraestructuras Improvisadas S.A., quien se ofrece a pagar por fuera la mitad de los posters, a cambio de un buen contrato para repavimentar las avenidas.

Una tercera empresa, Banquetas y pavimentos, compra una campaña de publicidad con la misma empresa encargada de tapizar la ciudad con la cara de Juan Vargas. Las dos empresas, la que gana el contrato y la que paga la publicidad, tienen un mismo dueño. Auditar la triangulación del dinero en publicidad se vuelve mucho más complicado. El contratista se lleva su moche y Vargas ya lleva una buena ventaja a sus contrincantes para la próxima elección. Sus adversarios, dentro y fuera de su partido, necesitarán aún más dinero para remontar la delantera promocional del edil de San Pedro de los Saguaros. Para resolver esas restricciones de capital, el dueño de Infraestructuras Improvisadas llega a financiar a los candidatos y partidos que lo permitan. La manera más segura de ganar en el hipódromo es apostarle a todos los caballos con posibilidades de ganar. Pasada la elección surge la imperiosa necesidad de repavimentar las mismas calles por quinta vez en un lustro. ¿Quién creen que ganará este contrato? El juego vuelve a empezar. Con este sistema de incentivos, la primera condición para participar en el oficio de la política será la disposición para corromperse a cambio de una campaña de anuncios espectaculares.

Alcaldes, regidores, síndicos, diputados locales, delgados, gobernadores y hasta el presidente de la República pueden caer en este espiral perverso. Los anuncios pagados con nuestros impuestos se deben dedicar a mover a los ciudadanos para vacunarse, votar o inscribir a los niños en la escuela, no para que un delegado presuma que tapó un bache. La publicidad oficial es la coladera por la cual se nos puede escurrir la vida de la República.

Publicado por Periódico Reforma
09-02-2014