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La primavera mexicana

A Mohamed Bouazizi se le acabó la paciencia. Cansado de los abusos y la extorsión de la policía municipal, el vendedor callejero se vació un bidón de gasolina sobre el cuerpo y prendió un cerillo. La flama que acabó con su vida también incendió un continente. El saldo ha sido terrible. La democracia en Túnez fue la única flor de la primavera árabe. Los otros países que experimentaron protestas civiles en 2011 han involucionado a un estado salvaje donde la vida humana es "pobre, brutal y breve".

Libia y Yemen son dos naciones convertidas en un montón de cascajo con batallones de fanáticos llenando los vacíos de poder. Egipto derrocó a un dictador para dejar las cosas parecidas al antiguo régimen. Siria es el escenario de una de las guerras civiles más cruentas del siglo. Los sistemas políticos de estas naciones fueron incapaces de adaptarse a las exigencias de cambio. "Las revoluciones árabes -dice la revista The Economist- produjeron pocos líderes, pocos programas de acción y pocas ideas". Había un fervor colectivo por empujar un cambio, pero una ausencia de brújula para definir el rumbo.

En abril de 2015, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y la fiscalía del país revelaron la operación de una banda de defraudación fiscal que encabezaba el presidente en funciones Otto Pérez Molina. La importación de un organismo de la ONU para garantizar la independencia del Ministerio Público fue sólo la mitad de la historia. El trabajo de procuración de justicia de la CICIG ocurrió en un contexto de intensa presión social. Los ciudadanos llenaron la plaza central en Ciudad de Guatemala docenas de veces. Los empresarios cerraron cadenas de restaurantes para sumarse al descontento. El contexto de exigencia colectiva marcó un alto a la impunidad. En septiembre pasado, Pérez Molina renunció a la Presidencia del país centroamericano para enfrentar los cargos ante la justicia.

México tiene que aprender del caos brutal en África del Norte y Medio Oriente, así como de la rebelión anticorrupción de la primavera guatemalteca. De acuerdo a las mediciones de Latinobarómetro, de todo el mundo, América Latina es la región más insatisfecha con la democracia. En ese continente de insatisfacción, México es el país más frustrado con dicha forma de gobierno. Menos del 20% de los compatriotas encuestados se siente satisfecho con la democracia. ¿Qué viabilidad tiene un sistema político que genera la insatisfacción o rechazo de 8 de cada 10 habitantes de un país?

La reciente nominación de Alejandro Murat como candidato del PRI a gobernador de Oaxaca deja clara una cosa: ya entendimos que no entendieron. El partido más representativo de nuestra democracia ha demostrado su incapacidad de adaptación a la exigencia de los cambios. La periodista Katia D'Artigues recordaba que en mayo de 2012, en el programa de Tercer Grado, le preguntaron al entonces candidato Enrique Peña Nieto ¿quiénes eran los rostros del nuevo PRI? El hoy Presidente de la República respondió que los jóvenes gobernadores de Veracruz y Quintana Roo: Javier Duarte y Roberto Borge.

La Ley 3 de 3 busca detonar un doble cambio: mejorar la eficiencia de las leyes que combaten la corrupción y canalizar el enojo ciudadano de forma constructiva y por una vía institucional. ¿El futuro de México se parece al Veracruz de Javier Duarte? Tú puedes hacer algo al respecto. Con 120 mil firmas se puede presentar al Congreso una ley que ayuda a desmontar el Estado de impunidad. Mientras más ciudadanos se involucren y firmen, más difícil será enviar la iniciativa ciudadana a la congeladora. La fecha límite para conseguir las firmas es el 21 de marzo de 2016. Ese día comienza la primavera. Ley3de3.mx

Publicado por Reforma
14-02-2016