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La casa pierde, los corruptos también

Manuel J. Molano

Corruptio optimi pessima
La corrupción de los mejores es la peor. Frase latina que podríamos atribuir a Marco Tulio Cicerón o a Séneca, o quizás a ninguno de los dos. De acuerdo al History Carper citado por wiki-answers, atribuible a Benjamin Franklin (The New England Currant, Jul. 23, 1722), y en versión más reciente, a mi amigo José Castilla.

México pierde posiciones en el índice de corrupción de Transparencia Internacional. La posición de México en el índice de corrupción de Transparencia Internacional se mueve en el mismo sentido que nuestra posición en los índices de competitividad.

¿Hay relación entre una cosa y otra? Al menos, en términos de teoría económica, tiene sentido que así sea. El corrupto es un rentista que extrae recursos de quien es productivo. Un país que favorece la corrupción está favoreciendo a sanguijuelas que no generan valor, y a la vez, está ahuyentando a quien sí lo hace. Un país corrupto no puede volverse competitivo porque competitividad implica competencia, y la competencia no tiene sentido si alguien va a apropiarse de lo que con mucho esfuerzo se consigue trabajando. La corrupción vuelve improductivo a quien en otras circunstancias lo sería; aniquila el mérito individual a favor de la complicidad colectiva de quien participa en la mafia.

México tolera la corrupción en todos los frentes, desde los orígenes del individuo. El niño que otros llaman ñoño que le hace la tarea a los demás a cambio de que no le peguen o lo inviten a las fiestas; el maestro que tolera la deshonestidad en los exámenes con tal de que el alumno vaguito pase de año y no tener que tolerarlo; el burócrata que se hace de la vista gorda ante los malos manejos de sus compañeros, con tal de salvar la chamba o la vida.

Todas estas son expresiones de corrupción que impiden que nuestra sociedad se convierta en una meritocracia. Impera el orden de quien amedrentó a los otros y logró extraerles recursos, no el respeto por el listo, el talentoso, el competitivo. Nuestros mejores individuos se desilusionan y se van, o tienden a la mediocridad. También, terminan poniendo su talento al servicio de los peores intereses: los del crimen, los del narco, los de gente corrupta.  La corrupción tiene mucho que ver con nuestra incapacidad para generar, atraer y retener talento y con el tipo de inversiones que llegan a nuestro país.

El más reciente informe de competitividad de IMCO relaciona un conjunto grande de variables de política con la capacidad de los países para atraer inversión y talento. En una escala del 1 al 10, México saca 2 en control de la corrupción, lo cual explica parcialmente su calificación de 1.7 en atracción de talento. Finlandia obtiene una calificación de 10 en control de la corrupción, y ello la lleva a obtener 8.7 en atracción de talento. De hecho, si integramos ambas cifras a un modelo probabilístico, mejorar un 10% la calificación de un país en control de la corrupción le permite crear y atraer entre 4 y 6% más talento. De igual manera, un 10% de mejora en el índice de control de corrupción de México, puede incrementar en 64% la inversión por habitante ocupado, que pasaría de 4,791 USD a 7,872. 

Esas son cifras que nos deben poner a pensar. Mientras que la señal que enviemos a nuestros jóvenes es que hay que fastidiar al prójimo para acumular riqueza, nadie querrá trabajar para obtenerla. Si no generamos riqueza, nos volveremos irrelevantes y desapareceremos. Todos. Incluso los corruptos.

El autor es Director General Adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. (IMCO), www.imco.org.mx