Artículo

La cobija de la República

Pues hoy amaneció la novedá de que Don Juan, el tío de Las Clavijas, tuvo un tremendo pleito de cobijas con su mujer, la güera Soledá. Dicen que se acostaron muy temprano, porque desde la tarde ya hacia frío, sin que hubieran tenido ningún lío y los dos con un humor bastante ufano. Más parece que, ya en la madrugada, Don Juan quiso voltiarse de ladito, y jaló las cobijas un tantito, y dejó a la mujer descobijada. Doña Chole, al sentirse en ese plan, trató de remediar la situación, y les dio a las cobijas un jalón y, sin querer, descobijó a Don Juan.

No, estimado lector, no se ha equivocado usted ni de autor, ni de columna. El párrafo anterior podría parecer el inicio de un artículo de un colega y vecino de plana que es tocayo de un ilustre político de la Roma antigua. Sin embargo “Pleito de cobijas”, el verso que es umbral de este texto, es obra del poeta del Bajío Margarito Ledezma. La ventaja de tener amigos cultos es que la virtud de la ilustración llega sin ningún esfuerzo, por medio del placer de la conversación. La poesía de Ledezma se cruzó en una afortunada charla con un generoso colega.

La desavenencia conyugal entre don Juan y doña Chole es la metáfora perfecta para retratar las limitaciones y desafíos del gasto público en México. La cobija del presupuesto no alcanza para cubrir todas las necesidades e intereses de nuestra República. Por ejemplo, si los estados y ayuntamientos jalan el cobertor para que les echen un salvavidas financiero y del otro lado del sarape está la Cofetel, que busca modernizar las telecomunicaciones del país, ¿quién sentirá el frío del descobije presupuestal?

Los gobiernos estatales y municipales son unos de los principales evasores de impuestos en México. La renegación consuetudinaria de sus obligaciones fiscales cuenta con la bendición legal de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Como evidencia para sustentar estas afirmaciones conviene citar el “Decreto por el que se otorgan diversos beneficios fiscales en materia del impuesto sobre la renta, de derechos y aprovechamientos”, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 5 de diciembre de 2008. En dicho decreto, el entonces presidente Felipe Calderón se otorgó la facultad de aligerar la carga tributaria de los gobiernos estatales y municipales, mediante condonaciones de adeudos fiscales y recargos desde 2005 para atrás. El regalo a los gobernadores y presidentes municipales tenía otras ofrendas: una rebaja sobre el ISR pagado por sus trabajadores del 60% para 2009, 30% para 2010 y 10% para 2011. Los empleados públicos trabajan y generan el impuesto, pero sus patrones gubernamentales no lo entregan completo al SAT.

Como esta cuestionable legalización de la evasión fiscal tuvo fecha de caducidad, en diciembre pasado el Congreso renovó la dosis con deducciones adicionales para 2013 y 2014. Si el director de una empresa decidiera no entregar o jinetear el ISR de sus empleados, podría acabar en la cárcel. Ni la SHCP, ni el Congreso han informado el costo estimado de la renovación de esta ventaja discrecional, ni los nombres de las entidades beneficiadas. Resulta paradójico que en la década donde estados y municipios recibieron montos sin precedentes de transferencias presupuestales se haya tenido que recurrir a estas argucias para rescatar sus respectivos erarios.

Ahora volvamos al extremo descobijado del presupuesto. La transición a la televisión digital terrestre permitirá liberar espacio del espectro para masificar los servicios de banda ancha. Esta iniciativa fortalecerá las condiciones de competitividad de toda la economía nacional. La Cofetel requiere 2 mil 400 millones de pesos para cumplir la meta de transición a TV digital en seis ciudades del norte del país. La Cámara de Diputados no le dio recursos suficientes. Con el dinero de las exenciones fiscales de 2011 a estados y municipios hubiera bastado para cumplir con el objetivo de modernización tecnológica. Sin embargo, la cobija no alcanza para quitarle el frío a don Juan y doña Chole.

@jepardinas