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La crisis y el Peso

La Crisis ha sido comentada por muchos analistas. Lo que más ha llamado la atención ha sido el impacto de esta sobre el crecimiento económico, los flujos comerciales y el empleo. Sin embargo, ha tenido otras manifestaciones importantes. Una que se ha comentado poco es el impacto sobre los términos comerciales de intercambio.

La mayoría de los analistas usan el 17 de septiembre de 2008 para marcar el inicio de la Crisis financiera. Ese fue el día que el Tesoro de Estados Unidos intervino a Lehman Brothers. A partir de entonces, todo cambió.

En esa fecha, un dólar compraba .70 Euros, 6.83 Yuan y 10.69 Pesos. Eran los tiempos del súper-Peso. La moneda del País se había revaluado en forma sostenida, agravando los problemas de competitividad de las empresas exportadoras y exponiendo a miles de empresas locales al reto de una oferta híper competitiva de China y de otros países. Todo esto ha cambiado.

Como se puede ver en la tabla adjunta, la Crisis transformó los términos de intercambio comerciales dramáticamente. Hoy, la tasa de cambio favorece competitivamente a los exportadores mexicanos y ha encarecido las importaciones que llegan al País, sin importar de dónde provienen. La Crisis dio un amplio margen competitivo a todas las empresas que producen localmente.

Depreciación/Apreciación en el periodo post-Crisis
(Periodo: 17/09/08 a 10/05/10)
                    Dólar         Euro         Yuan         Peso
Dólar                 0           9.7%        -0.14%      16.9%
Euro                 -8.8%          0           -9.0%        6.6%
Yuan                 0.1%        9.8%          0           17.0%
Peso               -14.4%        -6.2%        -14.6%          0

Fuente: International Financial Statistics, IMF.

México ha ganado competitividad respecto de productores de todo el mundo, incluyendo los de China. Con respecto a estos, la Crisis mejoró la competitividad del País más de 14 %. Para las empresas que producen localmente, la mejora competitiva fue aun más significativa: desde su óptica, el efecto fue encarecer las importaciones chinas 17%. De un plumazo, la Crisis causó que miles de empresas recuperaran parte de la competitividad de costos que habían perdido.

Dudo mucho que el Peso se aprecie significativamente en los años por venir. Tres de las principales fuentes de divisas han perdido su dinámica: la producción de petróleo se está desplomando; las remesas se han caído reflejando la situación de empleo de los mexicanos que viven en Estados Unidos, y el consumo de las familias americanas está deprimido y posiblemente no recupere su nivel previo a la Crisis.

Pero venga lo que venga, el propósito de las empresas que operan en México, debe ser evitar perder el margen competitivo actual que confiere la tasa de cambio. Para ello es indispensable mejorar la productividad de todos los factores empleados en la producción. Sí se puede: A lo largo de los últimos años, las empresas del País mejoraron su productividad energética; hoy, consumen menos energía por unidad producida que en 2000. Por ello, a pesar de que la energía que se consume en México se encareció, esto no afectó la competitividad de la mayoría de las empresas. En cambio, durante el mismo periodo, los costos unitarios de la mano de obra avanzaron más rápidamente que los precios de las importaciones y la productividad laboral. Esta última ha estado estancada desde hace años. Urge actuar en este frente: La productividad laboral es el talón de Aquiles de las empresas mexicanas.

En todo caso, estamos en una situación inédita. Históricamente, las depreciaciones del Peso han sido el resultado de errores en el manejo de los agregados monetarios y fiscales del País. Esta vez, la depreciación del Peso no es directamente imputable al gobierno o al banco central. El Peso perdió valor a pesar de que en términos generales no se cometieron errores en el manejo de la macro-economía.

Es probable que el nivel actual de la tasa de cambio refleje la opinión del mercado respecto de la situación competitiva general del País. La tasa de cambio refleja que gradualmente nos estamos curando de la enfermedad holandesa que mantenía artificialmente fuerte al Peso. Hoy, ni el mercado petrolero, ni las remesas de los migrantes proveen el colchón de financiamiento sobre el cual descansaban los términos de intercambio previos.

En la ausencia de estos factores, la tasa de cambio actual se antoja realista y ceñida a las condiciones intrínsecas de generación de divisas de México. La tasa de cambio actual parece más sostenible que la que había antes de la Crisis. La depreciación del Peso restableció parcialmente la competitividad de los sectores reales de la economía.

Las fuerzas de oferta y demanda emitieron su voto. ¿Sabrán los empresarios y funcionarios públicos aprovechar los nuevos términos de intercambio comerciales?

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.