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La productividad, el primer reto, 2011

Una de las principales razones del bajo crecimiento de economía es el igualmente lento crecimiento de la productividad laboral   Excepto por el caso de Canadá, durante el periodo de 2003-07 la productividad laboral de las empresas mexicanas del sector manufacturero creció por debajo del ritmo que alcanzaron nuestros principales socios comerciales. El crecimiento tan bajo de la productividad es un problema grave, puesto que si se rezaga respecto al de otras economías, se debilita la competitividad de las exportaciones y, para colmo, se afecta el crecimiento de la demanda de consumo.  Lo asombroso y aterrador de todo esto es que la productividad de los trabajadores mexicanos creció más lentamente que la de sus pares en economías que ya de por si tienen altos niveles de productividad.  Consecuentemente, la brecha de productividad con nuestros socios y competidores se hizo más grande. 

La crisis económica tuvo un enorme impacto sobre todo esto.  Las empresas de Japón, Alemania y Reino Unido tuvieron que ajustar su producción a la baja.  Estos ajustes causaron que se desplomara su productividad laboral.  Pero la misma crisis también creó incentivos para que las empresas hicieran innovaciones que les permitirían recuperarse velozmente cuando las condiciones fueran más propicias.  Muchísimas empresas de estos países y otros aprovecharon la crisis para encontrar la forma de producir más con el mismo personal.

Por ello, cuanto las condiciones fueron más favorables vino el rebote de la productividad laboral.  El cambio fue dramático y se percibe en las cifras.  En Alemania, por ejemplo, creció 18.5% durante el año que concluyó en el verano de 2010.  En Corea creció 13.5%, y en México 9.2% durante el mismo periodo.  Tristemente, México no rebotó tan alto como Alemania o Corea.

Durante 2010, la economía global volvió a crecer.  Las empresas del sector aprovecharon la recuperación para capturar las mejoras a sus procesos de producción.  Durante 2009-10, la productividad laboral en México creció más rápidamente que en la mayoría de los países de la muestra (excepción hecha de la incontenible Corea), pero esto se debió a que la producción del sector no cayó tanto en México como en otros países.

Hoy el sector manufacturero mexicano es más competitivo que antes de la crisis.  Tres circunstancias estuvieron a su favor: mejoró la productividad laboral; los costos unitarios de la mano de obra (expresados en pesos) se mantuvieron bajos y la tasa de cambio se hizo más competitiva.

Pero la mejora reciente no significa que las empresas ya no tengan que esforzarse para mejorar sus procesos de producción.  La competitividad actual del país depende en gran medida de cuestiones fuera del control de las empresas, como la tasa de cambio. 

En el corto plazo, todo parecería indicar que el flujo de divisas hacia el país seguirá siendo abundante.  De ser este el caso, la tasa de cambio se apreciará y la competitividad de las empresas se deteriorará.  Por ello, para que las empresas exportadoras no pierdan participación de mercado deben compensar el efecto de la apreciación cambiaria con niveles de productividad más altos. 

El rebote de la productividad laboral de los países con que comerciamos sugiere que el riesgo competitivo en el futuro próximo es alto.  Si bien es cierto que los niveles más altos de productividad redundarán en ingresos más altos que inducirán a sus consumidores a adquirir lo que producimos, también lo es que su mayor productividad significará que muchas empresas extranjeras podrán producir a costos más bajos que los nuestros, sobre todo en Corea, China y la India. 

Pero todo no está perdido.  En las empresas mexicanas hay grandes oportunidades para producir más eficientemente.  La gran mayoría de las PYMES y muchas de las empresas grandes, sobre todo las que operan en mercados donde la competencia externa es débil- como PEMEX o las empresas del sector telecomunicaciones-  usan los recursos disponibles muy ineficientemente.  En casos como estos, la apertura económica y la mayor competencia que de ella deriva todavía no se ha traducido en mayor eficiencia y competitividad.

La productividad laboral en la mayoría de los sectores de la economía sigue siendo solo una fracción de lo que se puede alcanzar.  En el sector agrícola, por ejemplo, la productividad de los trabajadores es solo 1/16 de lo que los mismos trabajadores logran producir en EUA; en el comercio la productividad laboral es solo 20 % de lo que alcanzan nuestros vecinos; en las manufacturas el nivel comparable es 25 %.  En suma,  las oportunidades para mejorar la productividad laboral son enormes y deberían ser la primera prioridad económica del País. 

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.