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La vida no vale nada

Diversas instancias de gobierno nos acaban de mostrar que, en su opinión, la vida de los mexicanos no vale nada. Ahí les van unos ejemplos de la vida real:

*El trayecto de la ciudad de México a Cuernavaca tomó a mi hermano más de cuatro horas el miércoles de Semana Santa.
*El viaje de regreso el lunes de Pascuas (que tampoco es feriado) tomó solo tres horas.
*Pero, el tiempo perdido no solo fue en las carreteras que unen al D.F. con otros destinos: A pesar de estar recién inaugurada la Terminal 2, el aeropuerto de la ciudad de México estuvo congestionado toda la Semana Santa.
*Este lunes tuve que ir a la oficina central del Registro Civil en Arcos de Belén. Las filas para gestionar actas de nacimiento, defunciones, matrimonios y divorcios eran larguísimas y salían a la explanada que está frente a la entrada principal.
*El proceso que motivó la visita a Arcos de Belén también me obligó a comparecer (por tercera ocasión) ante una oficina de Relaciones Exteriores para los trámites relacionados con la renovación de un pasaporte.
*El Jefe de Gobierno del D.F. está en un gran debate con sus detractores sobre las consecuencias de aglomeración y tráfico que detonará la construcción de una gran vialidad. Lo interesante de esta situación es que el conflicto gira en torno a las externalidades que causarán las obras que el gobierno quiere hacer.
*Las escuelas del País funcionan en horarios y calendarios que no se ajustan a la realidad cotidiana de padres de familia que trabajan: El año escolar es muy corto y las escuelas operan hasta la hora de la comida, como si durante las tardes ya nadie tuviera obligaciones de trabajo

Podría sumar más ejemplos a esta lista, pero con los arriba citados queda claro el punto que quiero hacer: el Estado Mexicano, como Pedro Infante, cree que la vida no vale nada.

Uno de los principios más importantes de la teoría económica es el costo de oportunidad. Los ejemplos citados arriba permiten inferir que para los gobiernos del País, el costo de oportunidad de los ciudadanos es igual a cero.

Si el valor del tiempo perdido por los ciudadanos en tráfico figurara en los cálculos de los funcionarios que planean y diseñan carreteras y vías públicas, estas se construirían tomando en cuenta el tráfico en horas pico. Si los costos de oportunidad de las mamás que están integradas al mercado laboral contaran para algo, las escuelas funcionarían como guarderías durante las tardes; si les importara el tiempo perdido por trabajadores y empleados haciendo colas para entregar o recabar documentos para departamentos del mismo gobierno, las bases de datos serían interactivas y los procesos se manejarían a distancia usando computadoras e internet.

Estos gobiernos están escandalosamente equivocados. Cada familia atrapada en el tráfico de los domingos en las autopistas asume un costo de oportunidad inaceptablemente alto. Las dos (a veces tres) horas adicionales que toman sus traslados tienen un costo de oportunidad aunque este se mida en términos de ocio perdido o actividades realizadas en familia.

Pero si lo que nuestros funcionarios requieren son cifras duras, recomiendo que consideren los siguientes datos: cada mexicano (de todas las edades) dedica una hora cuarenta minutos a la semana a hacer trámites. Si por algún milagro lograra dedicar solo una hora a la semana a estos menesteres, en un año recuperaría alrededor de 45 horas laborables. Si esa persona tiene estudios de Preparatoria, cada hora que labora genera ingresos de alrededor de 20 pesos. Por ello, el costo de oportunidad de trámites mal diseñados es de unos 900 pesos al año y probablemente sea más.

Las horas perdidas en traslados son mucho mayores. El mexicano promedio invierte 6 horas a la semana transportándose a su lugar de trabajo o estudios. Si esa cifra se recortara a la mitad, esas personas habrían reducido su costo de oportunidad en transporte 3120 pesos al año. ¿Se le hace poco? Mejor recapacite. Esa suma, más el tiempo perdido en trámites permitiría a ese mexicano llevarse a su familia de fin de semana a un balneario en Cuernavaca. O visto de otra manera. Si ese mismo tiempo se dedicara al trabajo, el PIB subiría 188 mil millones de pesos, o sea, alrededor de 1.0 % del PIB del País.

Estimado funcionario público: ¿entendió o requiere más explicación?

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.. Las opiniones en esta columna son personales.