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Línea 12

La misma historia: la Línea 12 del Metro o la Línea 1 del Metrobús. El Empire State es un edificio único en la historia de la arquitectura mundial. Su singularidad no está relacionada con ser un ícono de concreto en la ciudad de los rascacielos. El rasgo irrepetible tampoco tiene que ver con ser el escenario del trágico romance zoofílico de King Kong, en su versión fílmica de 1933. El Empire State es un edificio único porque se terminó antes del tiempo previsto y por debajo de su presupuesto original. El equipo de arquitectos tenía la consigna de terminar la obra en 18 meses, pero lograron consumar su epopeya en un año y 45 días. John Raskob, el principal inversionista del proyecto, había asignado un presupuesto de 50 millones de dólares. Sin embargo, sus honestos contratistas utilizaron sólo 40.9 millones. El Empire State Building se inauguró en mayo de 1931.

La Línea 12 del metro del DF es el caso inverso. El costo del proyecto fue 48% arriba de su presupuesto original, más el dinero que se acumule durante su reparación y clausura. Las mayores pérdidas no serán para el erario de la ciudad, sino para los cientos de miles de personas afectadas en su tiempo y patrimonio por su cierre parcial. La Línea Dorada detonó una dinámica de bienes raíces en Tláhuac donde se elevó el precio del metro cuadrado al mejorar la conectividad de la zona. Desarrolladores inmobiliarios y familias destinaron sus ahorros a comprar y construir propiedades en los linderos de la Línea 12. Ante la disfuncionalidad de nuestras autoridades, las certezas se tornan en incertidumbres y las inversiones patrimoniales acaban convertidas en apuestas de casino.

La magnitud de la inversión es muy distinta, pero los habitantes de la Ciudad de México ya habíamos visto esta película. En junio de 2005 inició la operación de la Línea 1 del Metrobús sobre la avenida Insurgentes. Quince meses después, en octubre de 2006, se anunció que el carril confinado requería de concreto hidráulico para poder aguantar el peso de los camiones oruga. La falta de planeación y el uso de materiales inadecuados provocaron gastos adicionales de al menos 380 millones de pesos en los tres años posteriores a la inauguración de la obra.

¿Cómo podemos mejorar la gobernanza y ejecución de los proyectos de infraestructura? David Arellano Gault y Felipe Blanco publicaron el estudio Políticas Públicas y Democracia, donde se avanzan varias pistas para ahorrarnos estos episodios de ridículo y despilfarro. Una de las premisas del trabajo de estos académicos del CIDE es que las políticas públicas sólo pueden ocurrir en el contexto de una democracia. Cuando el gobierno chino decidió construir la presa de las Tres Gargantas tuvo que forzar la reubicación de más de 1.2 millones de personas, más o menos la población completa de León, Guanajuato. Se puede envidiar la eficiencia autoritaria de Beijing, salvo que te haya tocado la mala suerte de ser uno de los conminados a abandonar tu vida y tu casa, como resultado de la inundación inminente de tu ciudad. El Partido Comunista Chino no hace políticas públicas sino que toma acciones de gobierno sin respetar derechos, ni rendir muchas cuentas.

Para Arellano y Blanco, las políticas públicas deben estar sujetas al escrutinio de ciudadanos y de los grupos de interés que forman parte natural de la vida de una democracia. Una política pública debe rendir cuentas y convocar opiniones en las fases de planeación, desarrollo y evaluación de resultados.

Si la construcción de las líneas 12 del Metro o 1 del Metrobús se hubieran sujetado al escrutinio público, tal vez alguna opinión experta nos hubiera advertido sobre el tipo de llantas de los trenes o la necesidad de usar concreto hidráulico. Esa opinión hubiera ahorrado cientos o miles de millones de pesos al gobierno y los ciudadanos. En la construcción de infraestructura estamos más cerca de los modos opacos de los comunistas chinos que de la eficiencia y eficacia de los arquitectos del Empire State.

Publicado por Periódico Reforma
16-03-2014