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Lo que Sí y lo que No

Parto de la premisa de que no hay que escatimar sino reconocer, sin ambages, el logro del gobierno federal por la recaptura de El Chapo Guzmán. A menos de una semana de este suceso se ha escrito prácticamente todo lo posible a partir de la información oficial disponible.

Desde las absurdas interpretaciones de que “todo esto” no es más que una cortina de humo para tapar los verdaderos problemas económicos y políticos por los que atraviesa México, hasta que la fortaleza de nuestras instituciones es tal que, en tan sólo seis meses, se fue capaz de atrapar al criminal más buscado del mundo.

A partir de las declaraciones oficiales y de las múltiples interpretaciones emitidas, vale la pena hacerse una pregunta que considero central para tratar de desentrañar “lo que Sí” y “lo que No” revela la captura de El Chapo, así como las interrogantes que abre.

La pregunta es: ¿si hace seis meses y dos días la fuga del narcotraficante propinó un golpe demoledor a la imagen nacional e internacional del gobierno de Enrique Peña Nieto, su recaptura constituirá un golpe capaz de reconstruir su imagen? Pienso que no.

La detención de El Chapo capturó la atención de la mayoría de la prensa internacional y lo hizo de manera laudatoria. La prensa nacional, las opiniones de los comentócratas y el sentir de la gente, tal y como fue captado por la encuesta de BGC (Excélsior, 11/01/16), fueron mucho más cautos. Treinta y cinco por ciento de la población se declara indiferente ante el hecho y 61% de los encuestados cree que es total o bastante probable que se vuelva a escapar. En contraste, el desacuerdo con la manera en que el Presidente está manejando el combate al narcotráfico y al crimen organizado baja de 72%, cuando El Chapo se fugó en julio de 2015, a 60%, después de su detención, y el acuerdo sube de 24% a 31% en ese mismo lapso. Estos números tienen que tomarse con cuidado, pues la encuesta fue levantada al calor de los hechos.

Es muy pronto todavía para saber cómo se comportará la opinión pública con respecto a la opinión que se tiene sobre el desempeño del gobierno de EPN en términos generales. El único proxy con el que se cuenta es lo que ocurrió con la detención de Elba Esther Gordillo, en febrero de 2013, que subió la popularidad del gobierno durante apenas un par de meses para comenzar de nuevo una tendencia a la baja.

Lo que Sí. La captura de El Chapo muestra la determinación, el empeño y el éxito de las fuerzas de seguridad e inteligencia del país en la búsqueda y aprehensión de un poderoso criminal. Muestra también la importancia de la coordinación entre las instancias gubernamentales involucradas en la ruta y objetivo trazados. En este sentido, crea la esperanza  —aunque también compromete— de que las cosas pueden ser de otro modo cuando hay voluntad política, compromiso, objetivos claros y buen juicio. Nos hace recordar también que hay fuerzas o partes de ellas, como los dos agentes federales a los que pretendió comprar El Chapo, que son insobornables.

Lo que No. La recaptura de El Chapo nada tiene que ver con la caída del dólar ni de los precios del petróleo ni del editorial de The New York Times, que dice que el gobierno de EPN será recordado más por los escándalos de corrupción que por las reformas estructurales. No cambia la penosa realidad de que México es un país en el que la situación de la violencia proveniente del crimen organizado ha llegado a niveles estructurales alarmantes, que está arraigada en amplias porciones del territorio y que ha sentado sus reales lo mismo en la sociedad que en los gobiernos.

A raíz de la detención de El Chapo, se desataron declaraciones triunfalistas por parte del gobierno que no tienen asidero. Quizá la declaración menos afortunada fue la de misión cumplida. Pero hubo otras como que la recaptura demuestra que las instituciones mexicanas “tienen las capacidades necesarias para hacer frente y superar a quienes amenazan la tranquilidad de las familias”, que la prevalencia del Estado de derecho quedó patente o que “no existe criminal que esté fuera del alcance del Estado mexicano”. Estas afirmaciones simplemente no tienen asidero.

Un país que todavía presenta una tasa media de homicidios a nivel nacional de 14 por cada 100 mil habitantes no puede hablar de misión cumplida ni por asomo. Por más importante que sea la recaptura de El Chapo, como antes la de muchos otros capos del narcotráfico, no se traduce ni en menor criminalidad ni en la disminución del cultivo, producción, trasiego y consumo de drogas de todo tipo, ni en el crecimiento de la fortaleza institucional.

Los gobiernos tienen aciertos y errores. La recaptura de El Chapo ha sido un acierto y puede haber muchos más si ésta se utiliza para obtener información sobre la operación del crimen organizado en México. La no extradición puede ser una magnífica ficha de cambio en ésta y otras direcciones.

Los errores han sido reseñados con toda oportunidad y ojalá que el gobierno consagre la misma pasión e inteligencia que dedicó a reparar el “error” que condujo a la fuga de El Chapo al resto de las tareas pendientes. Entre otras, la estrategia de la guerra contra el crimen organizado, pero también la política penitenciaria y la política contra la corrupción y la impunidad.

Publicado por Excélsior
13-01-2016