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Los gases de Trump

En enero de 2006, el gobierno de Vladimir Putin cortó el abastecimiento de gas a Ucrania. Con una estrategia de negociación copiada de una película de gangsters, Rusia cerró las llaves de la red de gasoductos que abastece de combustible para cocinar, generar electricidad, mover a la industria y calentar las casas en el invierno. El desplante ruso no sólo golpeó a Ucrania, sino a media docena de países europeos que tienen en el feudo de Putin a su principal proveedor de energía.

Durante décadas, México protegió con fervor patrio su petróleo del insaciable apetito energético de los yanquis. Hoy nuestro país tiene un problema muy distinto: que el Tío Sam quiera racionar o encarecer sus exportaciones de combustible a nuestro país. Trump y Putin pueden tener conductas parecidas, pero afortunadamente Rusia y Estados Unidos son países muy distintos. Gazprom, la empresa rusa de energía, ha sido utilizada como una poderosa pieza en el ajedrez geopolítico del Kremlin. Las compañías estadounidenses que venden combustible a México son empresas privadas que responden a los intereses de sus accionistas y su agenda puede o no coincidir con las prioridades de la Casa Blanca. Aún así, Donald Trump tiene a su disposición varias herramientas para distorsionar el mercado energético de Norteamérica.

Entre 2010 y 2015, las importaciones de gas natural de EU a México se multiplicaron por tres. Hay una alta posibilidad que la luz eléctrica que ilumina tu casa se genere con el gas que viene del norte. Todas las preocupaciones en torno al futuro del TLCAN las hemos concentrado en que los mexicanos tendríamos más obstáculos para vender aguacates o autopartes a los gringos. Es tiempo de preocuparse por lo que sucedería si los productores de gas en EU encuentran interferencias burocráticas para vender sus moléculas en nuestro país. De acuerdo a las leyes de EU, la exportación de gas hacia países con tratados vigentes de libre comercio ocurre sin mayores trabas. Sin embargo, los países con los que EU no tiene tratado de libre comercio requieren de una engorrosa serie de revisiones administrativas.

En sólo una década, Europa ha logrado reducir su dependencia energética de Rusia. México tiene que seguir su ejemplo y diversificar sus insumos para generar energía. La diversificación energética de Europa se basó en la construcción de infraestructura para poder importar gas de Noruega y también en la inversión en proyectos de generación solar y eólica. Durante muchos años, el argumento más importante para invertir en energías renovables fue la protección al medio ambiente; ahora, además de este atributo importante, hay que sumar el poderoso incentivo de la racionalidad económica.

Cada año, la disrupción tecnológica y el uso de nuevos materiales acelera la eficiencia de generación eléctrica por medio de paneles solares. México gasta al año cerca de 100 mil millones de pesos en subsidiar los precios de electricidad para el consumo de clases medias. ¿Qué pasaría si parte de los recursos de ese subsidio se utilizaran para la instalación de paneles solares en los techos de las casas? De acuerdo a la publicidad de la empresa Solar City, la inversión de instalar paneles solares se recupera en sólo 5 años y tiene una vida útil de un cuarto de siglo.

Más allá de lo que haga Trump, un aumento en los costos del gas natural significaría tres escenarios ominosos para México: más subsidios cubiertos con tus impuestos, precios más elevados pagados por el consumidor y mayor enojo colectivo por el alza de tarifas. Una inversión masiva en energías renovables nos ayudaría a reducir la dependencia energética, reducir la carga sobre las finanzas públicas y combatir el cambio climático. Suena como un buen negocio para México.

Publicado por Reforma
19-02-2017