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Los miserables de Víctor Hugo

No tengo arraigo en la Delegación Miguel Hidalgo. No crecí en esta hermosa zona de la Ciudad de México, y probablemente cuando se acaben mis compromisos laborales aquí, me iré. Puedo entender el activismo de quienes sí crecieron aquí y preferirían que esta fuera una colonia residencial, no comercial, aunque no comparto sus ideas. La localización de este cuadrante del DF es privilegiado, y por los azares de la logística es un lugar idóneo para que se genere actividad económica. No por nada los extranjeros que viven aquí le dicen “el pequeño Manhattan en el DF”.

Como trabajo aquí, he sufrido las obras de Avenida Masaryk. Mis colegas que se dedican a temas de competitividad urbana, me dicen que la obra hace sentido desde un punto de vista urbanístico. Cuando la obra esté concluida tendremos más espacio peatonal y ciclístico, y se habrá actualizado la infraestructura hidráulica, de drenaje y cableado, que ya estaba muy deteriorada. Todo eso puede ser. Lo que no entiendo es cómo es que ese proceso tiene que tomar 18 meses. Cómo es que van a acabar algún día, si los trabajos avanzan muy lento. Todos los días hay que buscar un lugar diferente para cruzar la avenida. No hay el más mínimo espacio para que las personas caminen de un lado a otro. Hemos presenciado conflictos a bastonazos entre viejitas y señoras con carriola. Es imposible transitar entre coches, vallas, lodo, trabajadores y maquinaria.

Como buen Godínez, de vez en cuando como tacos por ahí. El mesero me confesó el otro día que estaba desesperado. Viene desde muy lejos a trabajar a Masaryk y desde que están las obras, no saca ni para el pasaje. La decisión del delegado Víctor Hugo Romo trasciende mucho más allá de las fronteras de la delegación. Quizás, cuando pensó en esta decisión de hacer más “antojable” (sic) la calle, el delegado pensó que en todo caso se verían afectados negocios como la boutique de Louis Vuitton que está casi en la esquina de Masaryk y Moliere. De hecho, quisiera aprovechar el espacio para contarle al Lic. Romo que a la acción de ese grupo (símbolo: LVMUY) le ha ido bien. En el mes, el valor de la acción aumentó 1.8%. Si sigue así, en el año acumulará casi 22% de incremento. Al mesero de la taquería, a los dueños de pequeños negocios y a los demás que trabajamos cerca de ahí, no nos ha ido tan bien.

¿Cuáles son los criterios para definir las obras? ¿Cómo se compensan las afectaciones económicas? Y eso me lleva a otra pregunta, en línea con lo que preguntó este domingo mi colega en IMCO, el doctor Juan Pardinas. ¿Cuáles son los criterios para cerrar negocios?
En la esquina de Homero y Moliere, el peatón que circula del lado derecho hacia Ejército Nacional se tiene que bajar de la banqueta, porque hay 2 puestos informales de tacos. Unos pasos más adelante, está una sucursal de una taquería que sabemos que es formal (porque el negocio original lleva más de medio siglo en la calle de Tolstoi, en Anzures). Solamente que la sucursal de Moliere y Homero está clausurada. ¿Por qué la clausuraron? ¿Cómo es preferible un puesto de tacos en la banqueta a un negocio establecido? ¿Con quién no se pusieron a mano los dueños de ese local?

Tendríamos que leer Los Miserables, como sugiere Federico Reyes Heroles. Tendríamos que aprender la enseñanza de esa novela: Hay malos malos en este mundo como los Thenardier, buenos buenos como Fanzine y Cosette, y gente que se debate en medio, como Jean Valjean y Javert. ¿Dónde está el inspector Javert mexicano que persiga implacablemente a los criminales? ¿Dónde está nuestro Monsieur Madeleine, el alcalde bueno que en realidad es el criminal Jean Valjean redimido? En ninguna parte. El delegado de Miguel Hidalgo, como otros gobernantes locales, está explotando su posición con fines poco transparentes, y nos está enviando a todos a incumplir la ley. Será muy difícil que este país crezca, y sea formal, si seguimos así. Seguiremos siendo los miserables.

Publicado por Capital de México
03-06-2014