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Los americanos, un año después

Hace un año, escribí una columna en la que repasé lo que había sucedido al patrimonio de las familias americanas. En ella destaqué que la pérdida patrimonial había sido enorme y que esto había causado que estas familias cambiaran sus patrones de consumo con el fin de aumentar la proporción de ingresos que destinan al ahorro. Vaticiné que esto significaría que el consumo de las familias americanas crecería lentamente, lo cual significaría que nuestras exportaciones a ese país sólo podrían aumentar en la medida en que mejorara nuestra competitividad y lográramos desplazar a otros. Debido a la relación tan estrecha entre nuestra economía y la de ellos, conviene asomarse a los datos para ver cómo van las cosas.

La crisis inició en el sector inmobiliario. Al estallar la burbuja de los bienes raíces, las carteras de los bancos se llenaron de deudas impagables detonando una crisis bancaria de enormes proporciones. De ahí, en un santiamén la crisis se extendió a los mercados de capitales, causando que el índice de precios y cotizaciones de la bolsa de Nueva York se desplomara espectacularmente. La suma de todos estos efectos fue causar que el patrimonio de las familias americanas bajara. La pérdida patrimonial fue enorme. Entre 2007 y 2009, los activos netos de las familias americanas cayeron a un ritmo sin precedente. La pérdida total fue de más de 15 billones de dólares, o sea una cifra comparable al valor anual del PIB de Estados Unidos.

A partir de 2009, empezaron a recuperarse estas pérdidas. El último dato disponible (principios de 2012) muestra que las familias americanas han recuperado alrededor de las tres cuartas partes de lo que perdieron entre 2007 y 2009. O sea, las cosas ya no están tan mal como llegaron a estar. Pero cuando se desagregan las cifras para ver las fuentes de mejora, los resultados no son tan alentadores:

- El 95 por ciento de la mejora de 11.5 billones de dólares se debe a que los mercados de capitales han tenido una recuperación muy significativa. Todavía no alcanzan los niveles que tenían antes de la crisis, pero no cabe duda de que la mejoría ha sido importante. Pero antes de soltar las campanas al vuelo, vale la pena recordar que el valor de las inversiones en los mercados de capitales es muy volátil y sensible a las expectativas de crecimiento de las utilidades. El índice de cotizaciones puede desplomarse rápidamente si las condiciones económicas vuelven a alarmar a los inversionistas.

- El 5 por ciento de mejora restante se ha debido a que las familias americanas han logrado reducir su deuda. Pero el desapalancamiento de las familias americanas apenas está iniciando. Durante el curso del 2011, las familias americanas pudieron reducir su deuda total casi 11 por ciento, pero antes de eso el efecto acumulado de ingresos más bajos, desempleo y negociaciones entre deudores y acreedores que avanzaban lentamente habían causado que el nivel de la deuda bajara muy poco. No cabe duda de que el resultado del último es muy bueno, pero el desapalancamiento apenas inicia.

- El mercado de viviendas todavía no está aportando a la recuperación del patrimonio de las familias americanas. En algunos mercados regionales empieza a haber leves señales de recuperación, pero estas son tan pequeñas y fugaces que todavía no se puede cantar victoria.

En suma, como van las cosas, todavía pasarán varios años para que los americanos recuperen el patrimonio que perdieron en la crisis y esto es sin considerar el costo de oportunidad de los años que han pasado, ni el hecho de que los jefes de familia americanos cada día están más cerca de su retiro.

En suma, reitero lo dicho en la columna de hace un año. Lo que acontece no es un fenómeno cíclico causado por una caída de la demanda agregada. La situación económica de nuestros vecinos es un problema de otro tipo relacionado con el valor de sus activos. Lamentablemente, esta diferencia no figura en el debate que libran los dos partidos políticos de Estados Unidos.

No cabe duda de que el tamaño del déficit público y el monto de deuda que ha acumulado el Gobierno americano sean problemas que se deben atender a la brevedad posible, pero la recuperación de largo plazo de la economía americana no sólo dependerá de esto, sino de qué suceda al patrimonio de las familias americanas.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.