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Mariguana: el cómo importa

Con el Año Nuevo, Colorado —en Estados Unidos— estrenó un mercado legal y funcional de mariguana para fines recreativos. Lo mismo sucederá en el estado de Washington en cuatro meses. Uruguay seguirá hacia finales de 2014.

El ejemplo está cundiendo aceleradamente: varios estados de la Unión Americana, California entre ellos, se aprestan a promover iniciativas para legalizar la mariguana ya sea en 2014 o en 2016.

México no es ajeno a esa oleada: en los próximos días se presentará en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal una iniciativa que, de aprobarse, a) reduciría la prioridad concedida por la policía a la persecución del comercio de mariguana; y b) permitiría crear un sistema de dispensación de mariguana con fines médicos.

Sobre el primer tema no tengo más que aplausos. Es buena idea mandatar a la policía a atender prioritariamente los delitos predatorios (homicidio, secuestro, etcétera). No me queda muy claro, sin embargo, que un cambio legal vaya a modificar en la práctica el comportamiento de la policía.

La creación de un sistema de mariguana médica es un asunto más complejo. En primer lugar, es necesario definir quién tendría acceso. Si se establece un criterio estricto (por ejemplo, sólo pacientes con cáncer o sida), el impacto sobre el mercado negro sería limitado. Si en cambio se opta por un criterio laxo (por ejemplo, todo el que tenga receta), la dispensación con fines médicos se convertiría en una simulación y se deslegitimarían los usos terapéuticos válidos.

El segundo problema es determinar quién puede distribuir la mariguana médica. Si sólo lo pueden realizar instituciones públicas, se corre un riesgo de corrupción y desvío hacia el mercado negro. Se podrían, por supuesto, establecer controles severos, pero la experiencia, por ejemplo, con los almacenes del IMSS no es muy alentadora. Pero tampoco suena muy deseable abrir la puerta a empresas privadas. ¿Cuánto tardarían en entrar al negocio las grandes cadenas de farmacias? Muchas ya tienen consultorios anexos que son fábricas de recetas. En esas circunstancias, sería tremendamente difícil mantener el control sobre la sustancia, tal como ha sucedido con los antibióticos.

Peor aún, se crearía un grupo de presión que distorsionaría un futuro proceso de legalización plena. Esto no es mera especulación: en Colorado la industria de la mariguana médica obtuvo en la nueva legislación un tratamiento fiscal preferencial, además de un monopolio temporal en la comercialización. Como resultado, se ha añadido complejidad al proceso regulatorio, además de disparar, en lo inmediato, los precios legales por encima del nivel del mercado negro.

Ante esos riesgos, sugiero humildemente proceder con cautela. En un experimento que tiene más de simbólico que de sustantivo, más vale optar por la pequeña escala. Si se busca demostrar que México está listo para un mercado legal de cannabis, es preferible no permitir la entrada a actores económicos con un interés en socavar el marco regulatorio. En una sociedad que aún rechaza mayoritariamente la legalización, la percepción de un mercado fuera de control podría ser demoledora para esfuerzos futuros de reforma.

En el debate global sobre la mariguana, la discusión relevante es cada vez menos si se debe legalizar la mariguana y cada vez más sobre cómo hacerlo. En esta fase, los detalles concretos importan más que los principios abstractos. Y sí, es posible regular mal, controlar peor, diseñar un esquema que combine lo más reprobable de la prohibición con lo más detestable de los mercados legales. Entonces prudencia, sobre todo en los primeros pasos, que aún no hay nada ganado.

Publicado por periódico El Universal 

11-01-2014