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Mexicanos Primero

¿En dónde está mi maestro? Hay preguntas que se deben hacer con mucho cuidado porque sus respuestas pueden despertar a un volcán dormido. Hace una década, la organización Mexicanos Primero hizo una pregunta que encendió una revolución y cimbró a una de las estructuras corporativas más poderosas del país: ¿cuántos maestros trabajan en el sistema de educación pública? En la primera década del siglo XXI, México no tenía una respuesta clara a lo que debería ser una pregunta obvia.

Corría el año 2007 y el presidente Felipe Calderón le había entregado el sistema educativo a Elba Esther Gordillo y al sindicato magisterial. El número de personas registradas en la nómina magisterial no era un secreto de Estado, la verdad, nadie tenía el número preciso. Ni siquiera la SEP sabía con exactitud cuántas maestras y maestros efectivamente laboraban en el sector. Los gobernadores, el SNTE y la CNTE enviaban las facturas de las nóminas al erario de la Federación. En esas listas se mezclaban los nombres de los maestros de verdad con los aviadores profesionales y los comisionados sindicales. Para la alegría cleptocrática de gobernadores y charros sindicales, la SEP no se molestaba en cotejar los padrones de maestros con los desembolsos de la nómina. El Estado mexicano perdió el control del sistema educativo y sus presupuestos sectoriales.

En ese contexto, hace diez años, nació Mexicanos Primero. Una organización de la sociedad civil convencida que la educación es la mejor herramienta para ayudar a que las personas se conviertan en la mejor versión de sí mismos. En una década, Mexicanos Primero le quitó el prefijo im a la palabra imposible. Sin la persistente cruzada del equipo encabezado por Claudio X. González hubiera sido inconcebible que el 1o. de diciembre de 2012, el presidente Enrique Peña Nieto anunciara que el INEGI realizaría un censo del sistema educativo. Más que un censo fue una auditoría. La decisión de tener datos detallados sobre escuelas, maestros y alumnos fue la primera señal de que el gobierno anhelaba recuperar la rectoría del sistema educativo. Antes de pensar en la evaluación magisterial era necesario encontrar y contar a los maestros.

Durante los sexenios de Fox y Calderón, los gobiernos del PAN intercambiaron favores políticos con Elba Esther Gordillo: ella gozaba de inmunidad legal y administraba amplias parcelas del sistema educativo. En trueque y en teoría, el blanquiazul se beneficiaba electoralmente de este acuerdo. La presión de la sociedad civil y algunos medios de comunicación lograron que ese equilibrio no se perpetuara otro sexenio. La crítica al secuestro corporativo de la SEP forjó el contexto social y político que permitió la reforma educativa que se está impulsando en este sexenio.

Entre tanto escándalo y oprobio, hablar bien del gobierno de Enrique Peña Nieto implica un enorme riesgo reputacional. Sin embargo, las transformaciones recientes en el sector educativo permiten vislumbrar que los bebés que nacerán hoy en México tendrán mejores opciones educativas que las generaciones que están terminando la secundaria. Falta muchísimo para mejorar la educación en México. Sin embargo, no hay nada que erosione tanto la esperanza como el hecho de que un país o una sociedad se queden años estancados tratando de resolver el mismo problema.

Los problemas de la educación en México no son los mismos hoy que hace una década. Hablamos mucho de los tropiezos de la reforma educativa en Oaxaca, Guerrero o Chiapas. Sin embargo, se habla muy poco de los avances de la reforma en Sonora, Querétaro y Yucatán. La experiencia de Mexicanos Primero demuestra que las críticas sustentadas en la evidencia y motivadas por la propuesta son un gran motor para transformar las cosas. La voluntad política sólo existe si hay presión ciudadana. Felicidades por esos primeros diez años.

Publicado por Reforma
29-04-2017