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México en las Olimpiadas

Una confesión: soy un consumidor fanático de todo tipo de evento deportivo. Me encanta el fut, mis equipos son el América y el Necaxa. También soy aficionado de los Cowboys y de los Yankees. Juego tenis mal y sigo con interés los resultados de los cuatro principales torneos de tenis. Dudo que sea coincidencia que me gusten tanto los deportes y que haya dedicado tantos años de mi vida a promover la competencia económica. Me gusta la competencia de todo tipo.

También me encanta seguir los Juegos Olímpicos. Las Olimpiadas son una oportunidad para ver deportes cuya difusión es limitada; por ello, sin serlo, parecen más exóticos. Me fascina el esfuerzo que hacen los atletas por destacar en sus especialidades. Su empeño es contagioso. Celebro con ellos cuando ganan y comparto su agonía cuando pierden, sobre todo si son mexicanos. Por ello, me entristecieron los resultados relativamente pobres de la delegación olímpica.

México ganó menos medallas que países más pobres, como Colombia, Cuba e Indonesia, y fue rebasado por países con poblaciones mucho más pequeñas, como Jamaica y Canadá y que decir de Reino Unido, Holanda y España. Desde cualquier perspectiva que se analice el desempeño de la delegación fue decepcionante. Queda resolver la pregunta ¿por qué no le va mejor a los mexicanos en los Juegos Olímpicos?

La semana pasada, David Brooks publicó una columna en la que cuestionó si el desempeño del equipo olímpico americano reflejaba fielmente el estado actual de ese país. Su reflexión lo llevó a la conclusión que los resultados de la delegación americanas eran bastante representativos del estado actual de EUA. Conviene hacer la misma pregunta sobre el caso de México. ¿Será el desempeño de la delegación olímpica un fiel reflejo del estado actual del País?

Creo que no. Económicamente estamos mejor que varios países que tuvieron un mejor desempeño en las Olimpiadas, incluyendo al anfitrión, Brasil, y a países como Colombia, Cuba y Jamaica. Y esta conclusión aplica a todos las competencias deportivas; no sólo a las Olimpiadas, México manifiesta un déficit crónico de desempeño que conviene evaluar.

Hay personas serias que piensan que el genotipo de la mayoría de los mexicanos explica una parte de estos malos resultados, pero no estoy de acuerdo. En la delegación americana participaron varios atletas de clase mundial cuyo genotipo es idéntico al de la población mexicana. Si a ellos les fue bien, por qué no a los atletas mexicanos.

Entonces, quizá el problema sea de recursos. ¿Será que como País no invertimos lo suficiente en la identificación y desarrollo de atletas de alto rendimiento? Posiblemente, pero lo cierto es que aun en aquellos casos, como el fútbol, en que se ha invertido mucho los resultados también son pobres.

Creo que la falla es algo menos obvia y la solución más difícil de instrumentar. A pesar de que tenemos instituciones como la CONADE, el Comité Olímpico o las federaciones de los diversos deportes -que en varios casos dejan mucho que desear- lo que tenemos son el gran número de instituciones de la sociedad civil que se encargan de organizar actividades deportivas para niños y jóvenes que con el tiempo llegan a destacar en algún deporte.

En EU y Europa los deportes se practican sistemáticamente en cientos de miles de escuelas de todos los niveles. Los muchachos y muchachas que posteriormente participan en las Olimpiadas u otros campeonatos internacionales, desarrollan sus habilidades gradualmente durante más de una década en programas que culminan en las ligas colegiales de las universidades. Existe, además, toda una estructura de ligas deportivas recreativas para deportistas de todos los niveles. Cuando niños, como mis nietos, manifiestan interés en algún deporte hay disponibles cientos de opciones útiles para desarrollar su talento y destrezas.

Tejidos institucionales como el descrito en el párrafo anterior existen en la mayoría de los países europeos y en varios países latinoamericanas que rutinariamente producen atletas de clase mundial, como Argentina, Cuba o Brasil. En comparación, el tejido de instituciones para el deporte en México, está en pañales.

En suma, nos va mal porque no contamos con el andamiaje institucional para identificar y desarrollar atletas que puedan competir con los atletas que se desarrollan en sociedades que sí han creado esas estructuras.

Para que nos vaya mejor tenemos que entender y replicar el modelo de desarrollo deportivo de los países a los que las va bien. Si algún día se hace un examen profundo de la situación de los deportes en México se llegará a la conclusión que para que dejemos de ser un País con un déficit crónico de desempeño tenemos que crear un entorno institucional.

Publicado por Reforma
25-08-2016