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México necesita un presidente que defienda la libertad de expresión

Por: Luis Mauricio Torres e Ingrid Chávez

México se ha convertido en un país donde los periodistas son asesinados y los medios se ven atacados por informar a los ciudadanos. La protección al ejercicio del periodismo se ha limitado únicamente a buenos deseos, mientras que el respeto a la libertad de expresión se deteriora con los discursos vacíos de los gobiernos en turno.

Desde hace años, las cifras por asesinatos y violaciones a los derechos humanos de los comunicadores, contradicen las políticas de protección al ejercicio periodístico. El seguimiento que la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) le ha dado a las investigaciones por agresiones a periodistas, ha sido opaco e ineficaz. Desde su creación en 2010 y hasta diciembre de 2018, se presentaron 186 acusaciones turnadas a jueces penales (el 16.3% del total de denuncias recibidas). Sin embargo, solo en 10 casos se obtuvieron sentencias condenatorias, lo que evidencia que al menos el 95% de las investigaciones han quedado impunes.

Las medidas de justicia han sido insuficientes para garantizar la seguridad de quienes ejercen el periodismo. En 2019 México fue catalogado como uno de los países más peligrosos para los periodistas según el Índice Global de la Impunidad, elaborado por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ).

De acuerdo con información de Artículo 19 y Reporteros sin Fronteras, hasta marzo de 2020, 12 periodistas han sido asesinados en lo que va del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador. Desafortunadamente, la cifra es aún mayor para los medios y comunicadores que han sido víctimas de amenazas, hostigamiento, intimidaciones y agresiones físicas.

En nuestro país las amenazas se convierten en realidad. Hace unos días, el diario Reforma publicó el audio de una llamada en la que se le advierte que, de seguir con las críticas hacia el gobierno federal, se detonarían sus instalaciones. Este es solo un ejemplo de lo que viven los periódicos locales todos los días.

El desprecio por la crítica y el discurso de polarización no son nuevos ni exclusivos de México. Sin embargo, esto se vuelve preocupante cuando se violenta la libertad de expresión y se atenta contra la construcción de un periodismo libre y diverso. Ejemplo de ello son las agresiones y acusaciones en contra de los periodistas, medios y organizaciones civiles durante las conferencias matutinas del presidente. Asimismo, las amenazas al periódico Reforma o las campañas de desprestigio y acoso que vivieron extrabajadores de Notimex en redes sociales. Estos casos deben orillar a las autoridades a frenar sus constantes denostaciones públicas y, en lugar de ello, garantizar seguridad a quienes ejercen la libertad de expresión.

El periodismo mexicano merece que el gobierno aborde el tema de la protección de sus derechos de manera seria. Es imprescindible que se generen mecanismos de protección a quienes ejercen la labor informativa y, a su vez, se combata la impunidad a través de medidas de investigación y sanción a quienes cometen agresiones en su contra.

Mientras se siga dividiendo la opinión pública de forma dañina, los agravios a los periodistas, medios de comunicación y organizaciones civiles seguirán ocurriendo. El presidente tiene la oportunidad de hacer algo que no se ha logrado en sexenios anteriores: proteger de manera eficiente la libertad de expresión de los periodistas y que las acciones no queden solo en el discurso. Ya no queremos un asesinato más, ni un ataque más.

Publicado por Animal Político
19-05-2020