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Necesidad de Liderazgo

Acabo de hacer un viaje relámpago a Europa para participar en una junta de negocios.  La junta sirvió para participar en un ejercicio de escenarios de cara al plan de negocios y operaciones de los próximos años.
En la opinión de los que participamos en esa sesión el año próximo pinta malo, pero no catastrófico.  Los escenarios que discutimos iban desde una recesión europea que durará varios años, hasta una contracción relativamente ligera el año próximo con un repunte a partir de 2013.
Ninguno de los escenarios que analizamos era realmente devastador.  Hablamos sobre la posibilidad de que se intensifique la crisis de deuda soberana al grado que se colapse el Euro y se fracture la comunidad europea, pero descartamos este escenario porque se nos hizo poco probable imaginar que los gobiernos de Europa fueran a permitir que tal cosa sucediera.  Quizá fuimos ingenuos.
Lo que me preocupa de la situación de las economías avanzadas es que para salvar la crisis actual se requieren líderes políticos que sean capaces de crear los consensos requeridos para enfrentar la crisis y construir una salida que simultáneamente salva-guarde la integridad de la Comunidad Europea y resuelva los defectos estructurales que llevaron a la crisis actual.  Ese liderazgo no lo veo en ninguna parte de Europa, ni en otras partes del mundo que están en crisis.
Nuestros vecinos, por ejemplo, están enfrascados en un duelo ideológico-político que ha imposibilitado a su Congreso autorizar el presupuesto de gastos y el nivel de deuda pública de Estados Unidos.  Los políticos americanos están jugando con dinamita económica; me asombra y aterra su mezquindad. 
Por su parte, el gobierno japonés sigue en su crisis crónica.  Ahí el diferendo es,  cómo reestructurar el acuerdo político para mejorar la representatividad y legitimidad de los gobiernos que emanan de las coaliciones políticas del Parlamento.  El problema de Japón es grave.  Llevan veinte años sin poder hacer las reformas necesarias para sacar a Japón de su letargo.
La situación en Europa es similar pero más compleja.  El reto clave es resolver las diferencias políticas y económicas que hay en la comunidad europea.  Las economías del norte de Europa operan con base en ideas políticas y estructuras económicas relativamente realistas y modernas.  En cambio, las economías del mediterráneo (Grecia, Italia, España, Portugal y Francia)  operan con base en modelos económicos insostenibles (gasto público elevado, baja productividad laboral, costosísimos programas sociales, etc.).    El reto es construir las instituciones pan-europeas que resuelvan estas incongruencias.  Para ellos es indispensable contar con líderes capaces de articular una nueva idea europea.  Los parches que se han aplicado hasta la fecha no resolverán el problema de fondo. 
Tampoco están funcionando bien las instituciones internacionales diseñadas para resolver problemas económicos y políticos como el actual.  Por ejemplo, la cumbre del G-20 solo sirvió para que los gobernantes de Francia y Alemania humillaran al Primer Ministro de Grecia por el manejo de la crisis de su país y para que se expusieran a recibir un trato equivalente de parte de los chinos.  En la reunión los países ricos de Europa pusieron en evidencia su bancarrota intelectual y moral al pedir al gobierno de China, que es una economía de personas pobres, que provea los fondos requeridos para rescatar a las economías europeas en crisis.  Los chinos les negaron el apoyo que solicitaban y sugirieron a los europeos que preparen propuestas de reforma acordes a la situación actual del continente.
En la misma reunión uno también hubiera esperado que el Fondo Monetario Internacional hiciera una propuesta seria de reforma, pero el liderazgo del Fondo brilló por su ausencia.  El que mejor lució en Cannes fue el nuevo Director italiano del Banco Central Europeo, quien se inauguró en funciones reduciendo la tasa de interés sobre los préstamos que hace el banco central a los gobiernos e instituciones financieras de Europa.
Obama y los representantes del gobierno americano también tuvieron un papel deslucido.  Esto quizá se deba a que sus propias circunstancias económicas les restaron autoridad moral y financiera para tener más influencia en la cumbre del G-20.
¿Y a México cómo le fue en todo esto?  A pesar de que comparativamente está bien, eso no significa que los países del G-20 nos vean como un ejemplo a seguir.  Bajo las circunstancias actuales, no va a ser divertido el rol del Presidente Calderón a la cabeza del G-20.
El estado actual de la economía global es profundamente preocupante.  Posiblemente se logre evitar se fracture la comunidad europea, pero por si las moscas, valdría la pena empezar a hacer planes de contingencia.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.