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Némesis

En el panteón de la mitología griega, Némesis es una diosa que provoca la seducción y el miedo de los mortales. Esta deidad es conocida como la diosa de la venganza, tiene la responsabilidad de castigar el hubris, ese exceso de confianza de quien muestra desplantes de arrogancia ante los dioses. Némesis impone sus castigos de una forma muy peculiar: le cumple sus deseos a los humanos. El proverbio de "ten mucho cuidado con lo que deseas porque puede volverse realidad" es una advertencia ante las formas que utiliza Némesis para aplicar sus escarmientos.

Varias voces y plumas de la prensa mexicana pedíamos la recomposición del gabinete presidencial como un golpe de timón para enderezar el rumbo del gobierno de Enrique Peña Nieto. La llegada de José Antonio Meade a la SHCP pone a un funcionario con experiencia para dirigir las finanzas públicas en una época de incertidumbres y sobresaltos. Sin embargo, Némesis nos recetó como castigo el nombramiento del nuevo secretario en Sedesol. Desde la Secretaría de Gobernación, Luis Enrique Miranda fortaleció al movimiento de la CNTE con recursos y plazas. Tal vez su experiencia en repartir dinero a los sectores más radicales del magisterio fue considerada como un atributo curricular, ahora que tiene la encomienda de repartir recursos a través de los principales programas de gasto contra la pobreza.

En 1999, al cierre de su sexenio, Ernesto Zedillo nombró a Carlos Jarque como secretario de Sedesol. Doctor en Economía y ex presidente del INEGI, Jarque tenía las credenciales de un técnico que enfocaría sus esfuerzos no en la grilla electoral, sino en combatir la pobreza. Luis Enrique Miranda, ex secretario de finanzas de Arturo Montiel, lanza exactamente el mensaje contrario. Con este nombramiento, el presidente Peña Nieto genera la percepción de que la lucha contra la pobreza es una prioridad secundaria ante la urgencia desesperada de ganar elecciones. ¿Querías cambios en el gabinete? Tenle miedo a Némesis.

Ante la secuencia de tragedias, yerros y omisiones que han marcado el segundo tercio de este sexenio, activistas de Twitter y Facebook están exigiendo la renuncia del presidente Peña Nieto. No tengo muchos elementos o evidencias para defender el desempeño del titular del Ejecutivo, pero la demanda de remover al Presidente parece confundir un salto al vacío con una solución política. El desprestigio de Peña Nieto y la incapacidad para rectificar el rumbo son los dos mayores riesgos a la gobernabilidad de México. Sin embargo, una nueva incertidumbre no se puede considerar como un cimiento sólido para forjar la estabilidad política. Viene un 2017 con una caída en la producción de petróleo, un recorte monumental en el presupuesto y una hipótesis de pesadilla en la elección presidencial en Estados Unidos. Ante semejante oleaje, urge un trecho navegable de aguas tranquilas. La diosa Némesis está atenta a estas fobias y ánimos caldeados que ven la ruptura de los tiempos constitucionales como un acto necesario para sanar el ánimo de la nación.

Desgraciadamente, el Presidente no lee este exacerbado enojo colectivo como un llamado a cambiar su estilo personal de gobernar. La narrativa presidencial asume que las reformas estructurales de 2013 y 2014 son méritos suficientes para matizar el inventario de escándalos y torpezas. Suponer que se puede gobernar, sin reconocer la profundidad de la crisis, puede ser otra oportunidad para convocar a la diosa griega. De un lado tenemos la furia del ánimo social y del otro la sordera de nuestra máxima autoridad. De este intercambio de gritos y oídos cerrados no puede salir nada bueno. Los castigos de Némesis se basan en la ley de las consecuencias no previstas: a toda acción le corresponde una reacción, cuyos efectos no siempre se pueden vislumbrar con nitidez en el tiempo presente.

Publicado por Reforma
11-09-2016