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Neo Clásicos y Neo keynesianos

No deja de asombrarme la seriedad con la cual representantes de los tres partidos hacen pronunciamientos sobre temas que no dominan. En una comida reciente, me tocó escuchar a un Diputado explicar por qué la deuda pública puede crecer sin fin. Aclaró que un país puede endeudarse sin límite porque la transacción es equivalente a cuando una persona pasa dinero de una bolsa de su pantalón a la otra, pero con una diferencia: como el que recibe el dinero lo va a destinar a consumir, el efecto neto es estimulante.

Para el susodicho parecía inexplicable que esto no lo supiera la gente encargada de conducir la economía. Después de breve descanso, regresó a la carga con otra joya intelectual en la que compartió que lo que explica la conducta del gobierno, es que sus áreas económicas están en manos de Chicago Boys y monetaristas inspirados por la ideología de derecha que actualmente gobierna a Chile y a Reino Unido. Obviamente, el Diputado piensa que soy parte de esa cabal contra la cual lucha incansablemente. Resultó inútil tratar de explicarle la diferencia entre la teoría económica moderna y las políticas represivas de Pinochet y Franco.

El Diputado brincaba de tema en tema con la alegría y seguridad intelectual del Sombrerero Loco; me sentía como Alicia en el País de las Maravillas. Soltó andanadas contra los que están dispuestos a que los mercados establezcan los precios de artículos de consumo como las tortillas; me acusó de ser ingenuo por pensar que los mercados funcionan mejor cuando se les deja funcionar autónomamente- ¿cómo es posible, me preguntó, que usted no pueda ver quién mueve la mano invisible?- Me explicó, aunque después medio reculó, que la crisis financiera fue el resultado de un gran complot de Wall Street cuyo fin era robar el ahorro de los pobres y las clases medias. Las barbaridades le salían a tal velocidad que fue imposible interrumpir la andanada; opté por retirarme del campo de batalla. Pero la comida con el señor Diputado me obligó a reflexionar sobre quién tiene la razón en el debate que actualmente se libra en las facultades de economía de todo el mundo.

La crisis financiera revivió el debate entre dos escuelas de pensamiento económico: los neo-keynesianos y los economistas que se adhieren a la escuela de expectativas racionales (frecuentemente asociados con los monetaristas, y también conocidos como la nueva escuela clásica). Estas dos escuelas difieren en su interpretación de las causas de la crisis y, sobre todo, en sus ideas sobre cómo salir del trance actual. Economistas como Krugman y Stiglitz (de la nueva escuela keynesiana) recomiendan que los gobiernos de EUA y Europa sigan estimulando a sus economías. Abogan por una nueva dosis de gasto público, aunque también piden grandes infusiones de crédito bancario, las cuales son especialmente efectivas en economías como las de China, Brasil y México, cuyos bancos no fueron destruidos por la crisis. Por el contrario, los economistas de la nueva escuela clásica dan prioridad a evitar que se dispare la inflación y asegurar que la economía camine en dirección de un equilibrio fiscal sostenible a largo plazo. Para lo lograr estos dos propósitos buscan remedios relacionados con el funcionamiento eficiente de los mercados de factores de producción, sobre todo el mercado laboral, pero también el de capitales.

La batalla entre las dos escuelas es particularmente intensa en Europa. Los economistas keynesianos están preocupados por la situación que priva en el sur de esta región. Temen que sin estímulos fiscales adicionales y apoyos económicos solidarios del resto de Europa, la situación económica de los PIGs (Portugal, Italia y España, y Bélgica) causará la fractura del pacto político y económico sobre el cual descansan el Euro y la Comunidad Europea. La posición contraria aboga por aprovechar la crisis para hacer reformas económicas estructurales largamente postergadas, que obstaculizan el crecimiento (v.gr. funcionamiento del mercado laboral, estructura y nivel y generosidad del paquete de pensiones y beneficios públicos).

Europa sirve para ilustrar la tesis de las dos escuelas: Los keynesianos ven la crisis como un problema de empleo de los recursos disponibles, mientras que sus rivales piensan que el reto a resolver es mejorar el funcionamiento de los mercados para que los insumos disponibles se empleen en los sectores en que más pueden aportar, recibiendo a cambio la remuneración que determine el mercado. Unos quieren resolver el problema por el lado de la demanda, los otros por el lado de la oferta.

Los que me siguen en esta columna saben que en general me inclino más por la interpretación clásica. Pero eso no significa que repudie la interpretación keynesiana moderna en todos los casos. Sin la fuerte inyección de recursos fiscales que dio en 2008, la economía de Estados Unidos se hubiera hundido en una profunda depresión, arrastrando con ella al resto de la economía global. Pero seguir insistiendo en aplicar el remedio keynesiano en las condiciones actuales sería una necedad. Las dos escuelas aportan propuestas útiles para restablecer el crecimiento económico.

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.