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Niños viajeros

 

FOTO: OMAR MARTÍNEZ/ CUARTOSCURO.COM

El presidente Donald Trump separaba familias, enjaulaba niños y criminalizaba padres migrantes. Estas acciones le redituaron electoralmente por un tiempo. También indignaron a segmentos de votantes a quienes todo esto les parecía inhumano (y con razón). Este tema, seguramente, ayudó a movilizar a las buenas conciencias de EUA para elegir a Biden y reemplazar a Trump.

Biden anunció que no se encerraría a los pequeñitos en la frontera, y el problema creció. Las buenas conciencias están aterradas por cómo los padres de los niños toman semejantes riesgos con la vida de sus hijos, exponiéndolos a los peligros de ese viaje. Otras buenas conciencias, explican que el peligro es tan grande en lugares como el triángulo norte de América Central que las familias no tienen más opción que entregar a sus hijos a los traficantes de personas.

En 2015 el IMCO y la Fundación Friedrich Naumann hicimos un análisis sobre el efecto que podrían tener políticas más liberales de migración. La Ing. María Paola Testa, del MIT y el autor de esta columna hicimos experimentos con el modelo de equilibrio general GTAP para mostrar el efecto de políticas anti-migración en la economía de los Estados Unidos.

La realidad es que EUA admite muchos más migrantes que otros países. El acervo mundial de migrantes en el año 2015 fue de 3.3 por ciento de la población que trabaja. En México, solamente 0.9 por ciento. En EUA, 14.5 por ciento. 16 veces más que en México. (Discúlpenos la lectora por el dato viejo; ojalá el Banco Mundial lo actualice pronto).

Para que Estados Unidos viera caer el PIB por reducir trabajadores migrantes, tendría que expulsar a un millón de personas por año a lo largo de 10 años. De acuerdo con el modelo de IMCO, una política de ese tamaño podría reducir el PIB estadounidense en 1.3 por ciento, especialmente en sectores como la producción industrial (-4.9 por ciento), agricultura (-2.3) y construcción (-2.6).

¿Por qué la gente quiere irse a Estados Unidos? Los salarios son mucho más altos. Las personas y empresas en EUA son más ricas que en América Latina y el Caribe, porque agregan más valor, entonces las empresas pueden remunerar muy bien al capitalista, al trabajador y al gobierno. Permiten trabajar todas las horas que uno quiera. Lo maravilloso del mercado laboral en EUA no son los salarios mínimos. La productividad de los trabajadores es mayor porque se acumula capital fácilmente (activos y conocimientos). La gente no pierde tanto tiempo lidiando con burocracias (o evitando la violencia y el crimen). Los trabajadores pueden afiliarse a un sindicato, o a otro, o a ninguno. De hecho, en las industrias con sindicatos “rudos”, como la aviación o la manufactura de coches, EUA no es tan competitivo. Despedir y contratar es fácil porque la empresa no tiene que hacerse cargo de los finiquitos y compensaciones por despido a los trabajadores; eso lo hace el Estado y lo fondea con impuestos. Los trabajadores están en un régimen fiscal igual al de las empresas; en consecuencia, quien tiene capacidades para ser empresario, lo hace, y quien no, consigue empleo. En México, obligamos a ser empresarias a personas sin capacidad para ello, y los que sí podríamos organizar empresa, acabamos empleados, para evitar el expolio del gobierno y el crimen.

El mercado de trabajo allá aguanta muchísimos más migrantes que los que tiene hoy antes de que los salarios caigan. Sin embargo, EUA no va a liberalizar más ese mercado. Desde su punto de vista, ellos ya hacen mucho por los migrantes que otros países.

En el modelo mencionado antes, analizamos qué pasaría si los 10 millones de personas repatriadas hacia el sur acabaran en México. El PIB mexicano aumentaría su tasa anual de crecimiento en +1.9 por ciento; sin embargo, en México, el mercado de trabajo poco capacitado sí se apretaría, y el salario se reduciría.

Deberíamos sugerir a los Estados Unidos hacer nuevas ciudades binacionales de migrantes, justo en la línea fronteriza. Lugares como Tijuana, con lo mejor de EUA y de México, pero bien planeados. En ellas, podría limitarse el rango de viaje de la gente, especialmente si no es mexicana ni estadounidense; pero con mercados de trabajo libres, más parecidos al de EUA. Serían los lugares más productivos del continente. Quizá así, no obligamos a la gente a la disyuntiva de enviar a sus hijos a la muerte en el desierto, o verlos morir por la violencia centroamericana y mexicana. Si Centroamérica quiere donar su bono demográfico a Estados Unidos o a México, deberíamos aceptarlo.

Publicado en El Financiero

14-04-2021