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Nubarrones

Todos sabemos que va a llover cuando el cielo se oscurece y ya no se pueden ver las montañas en el horizonte. En México llueve intensamente casi todos los días del verano porque el calor causa que se evapore la superficie de los océanos saturando la atmósfera y creando condiciones propicias para que llueva cuando ésta se enfría.
La frecuencia de estos aguaceros es tal que los suelos se saturan y las calles se encharcan causando problemas y perjuicios leves a los habitantes de las ciudades. Como estamos acostumbrados a la naturaleza cíclica de estas lluvias, estas descargas no nos alarman. Reservamos ese sentimiento para eventos naturales mucho más intensos, del tipo que causan inundaciones, derrumbes y condiciones que ponen en peligro a las personas y sus propiedades. En México, el verano no sólo es la temporada de lluvias, también es la de huracanes. Quien ha pasado por una de estas tormentas sabe que esa es una experiencia que no quiere repetir.

El temporal de verano es una metáfora útil para describir los acontecimientos geopolíticos que afectan la vida de las poblaciones de Ucrania, Gaza, Israel, Iraq y Siria. Todos estos países confrontan circunstancias geopolíticas que causan problemas recurrentes para sus poblaciones. La mayoría de las tormentas políticas que sufren son relativamente leves y no ponen en peligro la viabilidad de ninguna de estas sociedades. Pero los habitantes de esos países están muy conscientes de que de vez en cuando sufrirán tormentas mucho más intensas que pueden desequilibrar su sociedad y provocar tragedias de proporciones épicas. Todos los países arriba mencionados están en esa situación actualmente.
Esto en sí es inusual y preocupante, puesto que enfrentar tantas tormentas políticas simultáneamente puede rebasar la capacidad de respuesta y manejo de los entes y países que normalmente atienden estas crisis. Lo que acontece es como si a una región simultáneamente le pegaran varios huracanes. La devastación sería mucho más grande de lo normal, tanto por el efecto acumulado de las tormentas como por el hecho de que esa circunstancia rebasaría la capacidad de respuesta disponible para atender la zona afectada.

No recuerdo ninguna coyuntura geopolítica como la actual. Cualquiera de las crisis geopolíticas arriba citadas tiene el tamaño y las características requeridas para desestabilizar al mundo. Por ello, cada una de ellas amerita el diseño de una respuesta estratégica coherente y de la acción coordinada de las principales potencias e instituciones geopolíticas internacionales. Pero en este momento la capacidad de respuesta del sistema geopolítico es muy limitada, por tres razones: primero, porque los intereses de las principales potencias no están alineados; segundo, porque el principal protagonista geopolítico (Estados Unidos) está agotado material y moralmente y no quiere asumir más responsabilidades, y tercero, porque la Comunidad Europea, China, India, Japón y varios más, incluyendo Brasil y México, están renuentes a asumir un rol geopolítico más significativo.

A todo lo anterior se tiene que sumar otra crisis que puede desestabilizar las economías y sistemas políticos de una vasta zona. Me refiero a la epidemia de la fiebre hemorrágica que provoca el virus ébola, la cual parece estar fuera de control en África occidental.
El principal reto para las autoridades de salud internacionales era evitar que la epidemia llegara a una de zona urbana importante. Lamentablemente, eso ya sucedió. La epidemia se extendió a la capital de Nigeria, la cual tiene una población urbana del tamaño de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Fuera de control, esa epidemia puede causar la muerte a decenas de miles de personas, y de Lagos puede extenderse al resto del mundo.

Actualmente, no existe una medicina o vacuna para combatir ese padecimiento. La estrategia de respuesta actual es aislar a las personas contagiadas y darles cuidado intensivo mientras su sistema inmunológico da la batalla. Normalmente, menos de la mitad de las personas contagiadas sobrevive. Pero esto es operando en condiciones óptimas. El problema es que ninguno de los países africanos afectados tiene la capacidad institucional y económica para montar una respuesta eficaz que evite que la epidemia tenga consecuencias trágicas. Para contener la epidemia se requiere comprometer todas las capacidades de los países más desarrollados; hasta momento, tal respuesta brilla por su ausencia.

Los mexicanos deberíamos estar celebrando. Costó muchos años crear las circunstancias para llevar a cabo las reformas estructurales. Lamentablemente, estas llegaron en uno de los momentos menos propicios de la historia reciente. La coyuntura internacional actual es tremenda. Parece que se avecina una tempestad que pueda resultar épica.

Publicado por Reforma
14-08-2014