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Nueva oportunidad

"El primer error del presidente Vicente Fox fue no haber metido a la cárcel a Emilio Gamboa Patrón, él era el candidato perfecto para enfrentar cargos por corrupción, después de 70 años del PRI en el poder". Esta frase se la escuché a una de las personas que vivió de cerca la transición entre los gobiernos de Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Dieciséis años después, el mismo Gamboa Patrón es uno de los próceres senatoriales encargados de debatir y votar el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). En julio del año 2000, el PRI sufrió la peor derrota electoral de su historia. El segundo Waterloo del Revolucionario Institucional ocurrió el domingo pasado. El 5 de junio del 2016 se abrió una nueva oportunidad para un cambio profundo en las conductas e incentivos de la democracia mexicana.

En el año 2000, el PAN despilfarró el capital político de su victoria y el PRI desoyó las lecciones de su derrota. Acción Nacional no sólo dejó en la impunidad a personajes como Emilio Gamboa, sino que se volvió un aplicado alumno de las peores mañas del viejo régimen. Por su parte, el PRI dejó pasar el tren de la modernidad al acabar demasiado lejos de Don Jesús Reyes Heroles y demasiado cerca de Gonzalo N. Santos: entre su pasado reformador y su ADN caciquil, el PRI fundó la versión contemporánea de un feudalismo cleptocrático.

Sin embargo, el PAN es el gran responsable del fracaso de la transición mexicana. La mejor evidencia de aquel naufragio es que las normas anticorrupción se están discutiendo hasta ahora, en un sexenio gobernado por el PRI. La Ley 3 de 3 se debió aprobar en el 2001, en el 2007 o en el 2011. Pasaron dos sexenios panistas sin un cambio profundo en las normas e instituciones que son el cimiento de la impunidad. Ante la posibilidad de darle autonomía constitucional al Ministerio Público, Vicente Fox prefirió usar a la PGR para la persecución política de Andrés Manuel López Obrador. Cuando se aprobó la reforma de los juicios orales, Felipe Calderón percibió que la modernización de los tribunales era un obstáculo incómodo en su guerra contra el crimen organizado. ¿Conflicto de interés? ¿Qué es eso? ¿Con qué tenedor se come? ¿Publicidad de las declaraciones patrimoniales? Ni hablar. ¿Perseguir a los corruptos? Mejor le entregamos a Elba Esther Gordillo la Secretaría de Educación Pública. ¿Darle mayor libertad a la Auditoría Superior de la Federación para fiscalizar el gasto? No es el momento político. El dúo de Fox y Calderón falló en la forma y en el fondo de la lucha contra la corrupción. En 12 años del blanquiazul en Los Pinos, no hubo tácticas de corto plazo, ni estrategias de largo plazo para enfrentar el problema. En 2016, con el triunfo en siete estados, los ciudadanos le han dado al PAN una segunda oportunidad. Investigar y enjuiciar a los gobernadores ladrones sería una catarsis muy bienvenida, pero lo más importante será forjar instituciones estatales que aseguren gobiernos menos transas y más íntegros.

Las voces más cavernarias adjudican la derrota del PRI a las posiciones del presidente Peña Nieto frente al matrimonio igualitario y su empeño por regular la mariguana. Con este diagnóstico, los priistas equivocan las causales del naufragio y vuelven a desperdiciar una crisis para impulsar una profunda reforma interna. Si hubo un castigo contra Peña Nieto, este fue por su indolencia ante la epidemia nacional de corrupción y no por su decisión valiente ante los derechos de las minorías homosexuales y los veintitantos gramos de mota. Ojalá el presidente Peña Nieto replicara ese mismo arrojo para darle un impulso definitivo al Sistema Nacional Anticorrupción. Tanto la derrota como la victoria abren una página en blanco para reescribir la historia.

Publicado por Reforma
12-06-2016