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Odio hacia Obama

Una de las cuestiones que más llama la atención sobre el entorno político americano actual es el odio con el cual se habla del Presidente Obama. Ese nivel de encono se entendería si la situación económica de EU fuera tan mala como en 2008-2009, o si los problemas económicos de EU se debieran a políticas públicas acuñadas por su administración y no a cuestiones estructurales y demográficas difíciles de corregir, que datan de hace varias décadas, y que ahora son evidentes, como el deplorable estado del sistema de educación pública de EU y el deterioro de la estructura de las familias de más bajos ingresos.

Obama ha liderado una recuperación económica impresionante. A saber, el ingreso disponible per cápita de los americanos ha crecido 6.8 por ciento desde que asumió la presidencia. Durante ese periodo, la tasa de desempleo bajó de más de 10 por ciento a 4.9. Durante su gestión, la inflación ha permanecido baja, y con ella, las tasas de interés. Consecuentemente, los mercados de capital están en niveles próximos a sus máximos históricos y el sector de vivienda se ha recuperado de la crisis. Gracias a ello, el patrimonio neto de los americanos ha aumentado más de 40 por ciento entre 2009 y 2015. En suma, la mayoría de los datos que convencionalmente se usan para evaluar la situación económica indican que la economía americana está bastante bien. Entonces, ¿cuál es el problema?

Lo que parece irritar a los detractores de Obama son dos problemas estructurales, difíciles de resolver. El primero de ellos es que durante tres lustros los ingresos medios de las familias americanas se han deteriorado. Actualmente, la familia promedio tiene ingresos de 53.6 mil dólares al año. Esto es uno por ciento más que en 2014, pero 7.4 por ciento menos que en 2007.

Varias causas explican este deterioro, pero destacan dos fenómenos demográficos: el primero es el envejecimiento general de la población con su consecuente efectos sobre la generación de ingresos y productividad; el segundo, es mucho más grave y tiene que ver con la desintegración del modelo tradicional de familia nuclear. En EU cada día hay más familias encabezadas por un solo adulto -normalmente mujer- que tiene que cumplir las dos funciones que anteriormente compartía con su pareja.

Los dos problemas arriba descritos se combinaron con otro no menos importante, que es que el mercado de trabajo de EU se ha segmentado en dos y que tienen relativamente baja capilaridad entre ellos.

El primero de estos segmentos está compuesto por 46.2 millones de trabajadores con destrezas bajas y pocos conocimientos. Bajo las condiciones actuales, estos trabajadores están obligados a competir -vía el comercio y la inmigración- con trabajadores de otros países que están dispuestos a realizar las mismas tareas a un costo más bajo. Este segmento de trabajadores es el que más ha sufrido debido a la globalización. Tradicionalmente, votaban fielmente por los Demócratas, pero hoy se sienten traicionado por los líderes de ese partido, incluyendo a Obama.

El otro segmento laboral está compuesto de trabajadores con destrezas y conocimientos altos que los hacen aptos para participar en sectores económicos de alta productividad e ingresos, donde la posición competitiva de EU es muy fuerte.
Estas personas están idealmente posicionadas para aprovechar las oportunidades que genera la economía global. Consecuentemente, sus ingresos han crecido velozmente. Para colmo, las personas de este segmento tienden a casarse con otras que también poseen fuertes dotaciones de capital humano. Juntos, establecen núcleos familiares compuestos de dos personas de altos ingresos, que invierten parte de sus ingresos en la formación de nuevas generaciones de poseedores de capital humano. A saber, el tan mentado uno por ciento de la población proviene de este segmento y gradualmente se ha convertido en la nueva élite intelectual y económica de Estados Unidos.

Obama y su esposa, los dos Clinton, y otros como ellos, son iconos de esta nueva élite. Los seguidores de Trump y muchos del partido Republicano los odian porque los perciben como personas que han abandonado sus raíces tradicionales, apartándose del modelo tradicional de éxito (religión protestante, familia de clase media, estudios en escuelas y universidades públicas, raíces étnicas tradicionales, etc.).

Obama, y muchos de los líderes demócratas, representan un nuevo modelo de éxito; tienen una visión más tolerante y cosmopolita. En ese sentido, efectivamente, son personas muy alejadas del "pueblo" americano y el "pueblo" lo reconoce y resiente. Esto explica el encono de muchos de los líderes conservadores del partido Republicano y la popularidad del neo-fascista Trump.

Obama tuvo éxito enderezando la economía americana, pero no logró componer otras cuestiones que están mal en EU.
Publicado por Reforma
31-03-2016