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Oportunidades insospechadas

Aunque aprobar las reformas estructurales sigue siendo la más alta prioridad económica del País, la relación simbiótica que guarda la economía nacional con la de Estados Unidos obliga a seguir de cerca la vida política y económica de ese país.

En EU se están librando cuatro debates cuya resolución tendrá un fuerte impacto sobre nuestro País. No hemos sido invitados a participar en estas discusiones, pero si logramos que los políticos americanos nos tomen en cuenta durante sus debates, podemos salir mejor librados que si asumimos una actitud pasiva. Dedicaré esta columna y las dos próximas a estos debates y a cómo podemos insertarnos en la discusión que está en marcha.

El primero de estos debates probablemente es el más importante, puesto que determinará el desempeño de largo plazo de la economía americana. Tiene que ver con el enorme desequilibrio de las finanzas públicas de EU. Durante los últimas días este debate se centró en cómo evitar que la economía americana se fuera al “precipicio fiscal” debido a aumentos de impuestos y reducciones de gasto que estaban programadas para iniciar con el Año Nuevo. El problema más urgente se libró, pero quedó pendiente la discusión sobre qué ajustes hacer para restablecer el equilibrio de las finanzas públicas del país.

El impasse político para evitar el precipicio fiscal persistió hasta el último momento posible. El Senado aprobó la propuesta de Obama de mantener las tasas de impuestos bajas para todos los causantes excepto el 2 por ciento más rico y hasta esta victoria fue parcial, puesto que el Presidente tuvo que ceder en cuestiones relacionadas con impuestos sobre herencias. El acuerdo que se aprobó en el Senado americano costó sangre, sudor y lágrimas y todavía falta que sea aprobado por la Cámara baja, donde los republicanos tienen mayoría y pueden dar reversa a lo acordado en el Senado.

Pero aun suponiendo que la propuesta de Obama sea aprobada en la Cámara de Representantes, la crisis fiscal de EU persistirá. Lo acordado en el Senado sólo resolvió una pequeña parte del problema fiscal de ese país. Para eliminar el déficit fiscal crónico de la economía americana, los legisladores americanos tienen que acordar un plan multianual de cambios que simultáneamente reduzca el gasto del Gobierno federal y aumente la carga fiscal de las familias americanos y todo esto se debe hacer sin afectar el crecimiento de la economía americana.

En el debate para librar el precipicio fiscal, Obama tuvo un pequeño triunfo que a la larga puede cambiar la naturaleza del debate fiscal: logró que los senadores republicanos aceptaran aumentar los impuestos que paga el 2 por ciento de los causantes más ricos. El valor de este ajuste fue más simbólico que sustancial: la recaudación aumentará alrededor de 60 mil millones de dólares al año; el faltante total anual es 15 veces más grande. Pero esta concesión de los republicanos puede servir para allanar el camino para cambios futuros más significativos.

Ahora bien, ¿qué papel puede jugar México en el debate por venir? Por los tamaños tan diferentes de las dos economías no hay nada que podamos hacer para resolver el problema fiscal de EU. Nuestra contribución se tiene que concretar a medidas que ayuden a mejorar la tasa de crecimiento sostenible de la economía americana, pero en esta dimensión hay mucho que podemos hacer.

Por la relación simbiótica de nuestro sector manufacturero con el sector industrial americano, la medida más eficaz para acelerar el crecimiento de la economía americana es vía mejoras a la productividad laboral del manufacturero nacional. Si mejoran los procesos productivos en México, esta mejora fortalecerá la competitividad de la economía de Estados Unidos. En cifras gruesas: un aumento anual de 5 por ciento de la productividad laboral del sector causa que la tasa anual de crecimiento del sector americano crezca alrededor de .5 por ciento anual.

Algo similar puede suceder en el caso del sector servicios. Si logramos que México se convierta en un proveedor competitivo de servicios de salud para la población de jubilados americanos que reside en México, estaremos ayudando a reducir el costo del programa de salud de Obama. Pero esto no sucederá si no logramos que los gastos médicos de los pacientes americanos en México estén cubiertos por Medicare y Medicaid. El mejor momento para promover este cambio es ahora, cuando los legisladores americanos están buscando fórmulas para resolver la crisis fiscal de Estados Unidos.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.