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Otra oportunidad

Con esta columna concluyo una serie de tres artículos en los cuales he discutido las oportunidades para México que derivan de cuatro debates que se libran en EU. El primero fue el relacionado con la crisis fiscal; el segundo, sobre los efectos de la liberalización de la distribución y consumo de la marihuana y sobre el control de armas de fuego. Propuse que conviene al País participar en estas discusiones para que las políticas públicas que deriven de ellas sean más favorables para México, pues, si se mantiene al margen, corre el riesgo de que las medidas que se instrumenten no tomen en consideración los intereses legítimos del País.

Además de los temas arriba citados, el Ejecutivo federal americano ha comunicado que tiene la intención de reformar las leyes federales con el fin de regularizar la situación legal de los migrantes indocumentados que viven y trabajan en EU.

Aunque sobran las razones para justificar la liberalización del flujo de migrantes a EU, pocos temas son políticamente más sensibles que este. La discusión que presenciaremos será todo menos civilizada y objetiva: los que más apasionadamente se oponen a la legalización de los trabajadores indocumentados están convencidos de que la presencia de tantos mexicanos en EU destrozará muchas de las más preciadas instituciones del país vecino y transformarán profundamente la cultura americana. Ven un futuro en el cual en EU se consumirá más salsa que cátsup; más tortillas que pan blanco y en el que la Virgen de Guadalupe desplazará a íconos protestantes tradicionales.

Otros críticos asumen posiciones menos alarmistas: muchos están preocupados sobre el impacto que tendrán los migrantes sobre las tasas salariales y el empleo de trabajadores de baja calificación laboral; otros están preocupados por el costo de proveer servicios de salud a la población de migrantes y por la complejidad y costo de instruir alumnos en dos idiomas. En suma, los que se oponen a reformar las leyes migratorias tienen una larga lista de argumentos en contra.

Del otro lado del espectro político se escuchan voces más moderadas y sensatas. Muchos analistas reconocen las contribuciones de los migrantes a la competitividad de sectores como la construcción, la agricultura, los servicios personales y varios más. Muchas de estas personas también celebran el impacto que tienen sobre el crecimiento de la economía y la diversidad y costos de la oferta de bienes y servicios.

En el debate también participarán grupos políticos que están motivados por razones éticas y morales. A estos grupos les preocupa que las leyes actuales causan la disolución de familias y limitan el acceso de poblaciones vulnerables a servicios básicos de salud y educación.

Pero la principal motivación de Obama y los demócratas no es económica, moral o cultural; es política. El crecimiento de la población latina en EU gradualmente ha ido cambiando los equilibrios políticos en EU, sobre todo en el suroeste americano y en zonas urbanas como Chicago, Los Ángeles, Miami y Nueva York. En las elecciones federales recientes el voto latino fue a favor del partido en el poder. El Presidente y su partido están deseosos de construir vínculos políticos permanentes con los líderes de la población mexicana en EU. Para los grupos que estos líderes representan, una reforma migratoria integral es la más alta prioridad.

La reforma migratoria no sólo es importante para los políticos americanos; también debe ser prioritaria para el Gobierno de México. Defender los derechos humanos y legales de los migrantes en EU es una obligación política ineludible. La pregunta no es si el Gobierno federal debe participar en este debate, sino cómo hacerlo.

En suma. las estrellas se han alineado a favor de la resolución de varios de los principales pendientes con nuestros vecinos. La resolución de los cuatro debates analizados en las tres columnas tendrá un enorme impacto sobre el bienestar de los mexicanos que viven de los dos lados de la frontera.

El Gobierno federal debe estar presente en cada uno de los debates analizados. Para tal fin debe diseñar estrategias que le permitan influir en el desenlace de estos debates. Las oportunidades presentes en el entorno político americano no se volverán a presentar en décadas. El Gobierno mexicano debe instruir a sus representantes para que se incorporen a estas discusiones usando argumentos persuasivos y convincentes que ayuden a inclinar la balanza a favor de los intereses del País.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.