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Otro gran pendiente

DE CONVICCIÓN LIBERAL. La percepción de que el País es un lugar peligroso donde vivir es un sentimiento generalizado desde hace años y se exacerbó con la intervención del Gobierno federal en Michoacán y la legitimación de los grupos de autodefensa

El domingo pasado, un amigo invitó a un pequeño grupo de personas a sostener un diálogo con Enrique Krauze sobre temas relacionados con la situación política y económica del País. La discusión alebrestó mis neuronas. Discutimos temas trascendentes, como: la decisión del Gobierno federal de aliarse con los autodefensas en Michoacán; la condición precaria de las instituciones de procuración de justicia en México; la fragilidad de los acuerdos políticos en torno a las reformas estructurales, etc.

Cuando concluía el desayuno, el anfitrión pidió a Krauze que hiciera una síntesis de los principales retos que enfrenta el País. Krauze citó dos temas que para él son prioritarios, no sin reconocer que hay varios otros temas significativos: el primero de estos es la debilidad del Estado de derecho del País; el segundo es la posibilidad de que un político populista llegue al poder.

El primer tema no sorprendió a nadie, puesto que en la coyuntura actual no hay tema que se discuta más que la ola de crímenes que azota al País y la aparente incapacidad del Gobierno para restablecer el orden. La percepción de que el País es un lugar peligroso donde vivir es un sentimiento generalizado desde hace años y se exacerbó con la intervención del Gobierno federal en Michoacán y la legitimación de los grupos de autodefensa. Independientemente del mérito estratégico de estas medidas, las dos decisiones dan la impresión de que el Estado de derecho institucional está colapsado en Michoacán y que se corre el riesgo de que este malestar se extienda a todo el País. En el contexto actual no hay prioridad más trascendente y obvia que el imperativo de restablecer el Estado de derecho.

El segundo tema, la posibilidad de que un líder populista, como AMLO, llegue al poder, resultó más sorprendente. Esto se debe no tanto a que los presentes no reconozcamos la existencia de este riesgo, sino que la agenda nacional está tan cargada que es fácil descuidar la atención de este riesgo.

La realidad es que el político tabasqueño sigue muy activo y no se cansa de andar por todo el País contando mentiras, difamando a sus rivales y difundiendo una tesis política que invita al choque y la violencia. Los ejemplos de lo anterior abundan: la semana pasada, AMLO acusó al Presidente de ser un traidor de la Patria por haber liderado la reforma del Artículo 27. Poco después arremetió contra el PRD, llamándolos traicioneros a sus líderes por haber participado en el Pacto por México. Como estos ejemplos hay muchos más.

Para los que seguimos la vida política y económica del País, la conducta extrema de AMLO no es novedad. Más bien, llama la atención que su estrategia política funcione exitosamente. Pero esto se debe a que son muy pocas las personas que están dispuestas a abiertamente confrontar al tabasqueño. Esta asimetría de conductas significa que mentir no cuesta nada a AMLO. En cambio, sus ataques gradualmente van debilitando a sus rivales, y van preparando el camino para otra campaña presidencial. Como van las cosas, si los opositores de AMLO no encuentran una manera de contrarrestar la estrategia de AMLO, algún día puede llegar a la Presidencia.

México no es el único país donde el virus del populismo está presente. La demagogia y el populismo tienen a Venezuela y Argentina en la ruina, y Honduras, Paraguay, Ecuador y El Salvador han sufrido convulsiones políticas recientes derivadas de este padecimiento.

Y la región latinoamericana no es la única donde el populismo está presente. En Europa la crisis económica ha creado un caldo de cultivo ideal para fortalecer a partidos extremistas cuya oferta está diseñada para favorecer las preferencias de grupos racistas, xenófobos y separatistas. En Rusia, Holanda, Francia, Grecia, Italia y varios otros países, se han popularizado tesis políticas que sugieren que los enemigos a vencer son grupos de interés anónimos del exterior que buscan debilitar y esclavizar a los grupos étnicos mayoritarios de estos países. Hasta Cataluña y Escocia se contagiaron. Una versión menos virulenta del populismo puede causar que estas regiones busquen establecerse como naciones independientes.

Pero mal de muchos es consuelo de tontos. El costo que pagarían los mexicanos si un líder populista llega al poder es incalculable. Es indispensable contener este riesgo.

El año en curso será sumamente significativo. Para contener la amenaza populista es necesario encontrar fórmulas más eficaces para evidenciar a AMLO y contrarrestar sus mentiras con argumentos convincentes. Pero la competencia política es sólo un frente de esta batalla. También es indispensable que el Gobierno encuentre la manera de detonar un periodo de crecimiento económico sostenido basado en políticas responsables y eficaces. Y por si esto fuera poco, también urge encontrar la manera de contener la violencia y restablecer el orden público.

Todavía hay tiempo para conjurar la amenaza populista, pero más vale no perderla de vista.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.

Publicado por Reforma

13-02-2014