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País sin héroes

Joseph Campbell, autor de "El Héroe de las Mil Caras", enseña que la razón de ser de los mitos es crear modelos de conducta para guiar el desarrollo moral e intelectual de las personas. En su obra, los héroes poseen dos atributos: El primero es su disposición a asumir costos personales al servicio de la comunidad. Esto los convierte en paradigmas de virtud cívica. El segundo atributo que los distingue es su participación en hazañas épicas. Estas causan que los héroes ocupen un espacio especial entre los mortales y los dioses. Los héroes son mortales. Su participación en gestas heroicas los expone a peligros que los seres inmortales no enfrentan, en esto se parecen a los seres humanos ordinarios, pero sus logros son tan grandes que superan con creces lo que la mayoría de las personas ordinarias son capaces de lograr. Por ello, los héroes tienen reservado un espacio en la mitología de las sociedades.

Cuando una sociedad no tiene héroes, opera en un vacío axiológico. Sin héroes, todas las conductas se valen, puesto que no hay arquetipos que guíen el desarrollo de las generaciones más jóvenes. Una sociedad sin héroes está condenada sin remedio al conflicto y la violencia interpersonal. Desde esta óptica, los mitos cumplen una función social trascendente, puesto que establecen arquetipos de conducta y servicio que guían la conducta de las personas dentro de la comunidad.

La literatura, los medios de comunicación, la religión y los textos y relatos históricos son los principales canales que usan las sociedades modernas para difundir los mitos que definen sus valores. Por ejemplo, autores como Dumas, L'Amour y Salgari crearon figuras épicas que sirvieron para la transmisión inter-generacional de valores y modelos de conducta. Los mosqueteros son un arquetipo de fidelidad y valor al servicio del Estado. Salgari creó héroes que lideraban la resistencia contra opresores coloniales. La mayoría de los héroes de L'Amour eran vaqueros. En sus novelas, los héroes eran hombres sencillos que tenían la integridad y el valor para enfrentar a villanos que frecuentemente estaban coludidos con las autoridades locales para desposeer a los más débiles y vulnerables.

Los valores de estos personajes y los de docenas de otros héroes míticos, como Batman, Luke Skywalker, Superman o Mujer Maravilla, son asimilados por millones de personas jóvenes y los motivan a asumir roles al servicio de la comunidad. En EU, Canadá y la mayoría de los países de Europa, los policías y bomberos, los conductores de ambulancias y proveedores de servicios médicos de urgencia, los soldados y los marinos son personas que ocupan puestos altamente respetados. Se les respeta porque cumplen roles heroicos.

Esto no sucede en el caso de México. No conozco ninguna figura mítica o real que tenga un perfil heroico. En nuestro País pensamos que los policías son cómplices del crimen organizado, y los líderes políticos, capos de estas mafias.

Cabe preguntar, ¿quiénes son los héroes de la juventud mexicana actual? ¿Estamos satisfechos con los valores que estas personas representan? ¿Qué es lo que no funciona en nuestra sociedad que causa que entre los policías que respondieron a la emergencia provocada por el sismo de 1985 no haya uno solo que se recuerde por sus actos heroicos, mientras que en EU se venera a los policías y bomberos que prestaron servicios de emergencia cuando las torres gemelas de Nueva York se derrumbaron? ¿Por qué hay tan pocos héroes en México? ¿Qué es lo que causa que aun en el caso de las figuras emblemáticas de nuestra historia haya tan pocos héroes?

La ausencia de héroes es muy dañina. Los mexicanos de a pie no sabemos en quién confiar ni qué esperar de personas que ocupan roles de liderazgo. Por el contrario, la mayoría de las figuras públicas trascendentes, incluyendo presidentes, gobernadores, empresarios, líderes sindicales y hasta sacerdotes, tienen mala fama por su conducta personal: los que no roban o matan, abusan del poder. No se puede creer en nadie.

Lo mismo sucede en el caso de muchas de las máximas figuras del espectáculo y los deportes. En estas profesiones pocas personas resaltan por su disposición a aceptar sacrificios al servicio de la comunidad. En cambio, hay muchos que son ejemplos de lo menos deseable de la conducta humana.

México necesita héroes. Necesitamos figuras icónicas que sirvan como ejemplos para la comunidad. En esta tarea hay mucho que pueden hacer los medios, los historiadores, los novelistas y todos los que contribuyen a la narrativa de la nación.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones es esta columna son personales.

Publicado por Reforma

20-02-2014