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Papel de las redes sociales en movimientos sociales

El costo de transportar datos de un lugar a otro ha bajado cinco o seis órdenes de magnitud durante las últimas dos décadas.  En 1990, cuando se preparaba la privatización de Telmex, enviar un mensaje con la misma cantidad de datos que contiene esta columna de México a Nueva York costaba muchas veces más de lo que cuesta hoy.  La revolución tecnológica venció tres obstáculos simultáneamente.  Primero,  la disponibilidad de cada vez más ancho de banda causó que no haya un límite práctico a la cantidad de información que se puede procesar en un lugar y transportar a otro.

La tecnología también venció la barrera de la distancia.  La distancia ya no existe en las telecomunicaciones;  cuesta lo mismo hacer una llamada de un lugar a otro dentro de un mismo edificio, que entre dos puntos en continentes lejanos.  Esto lo saben todos los que han aprovechado programas como Skype para vincularse con amigos, familia y colegas en todo el mundo. 

Las tecnologías de telecomunicaciones vencieron otra barrera: la ubicuidad.  Hoy, con un aparato que cabe en la mano de una persona y cuyo costo está al alcance de la mayoría de la población, se pueden enviar mensajes a todo el mundo, aprovechando redes preexistentes que se crearon para fines sociales- como Facebook y Twitter- o para fines más prácticos y transaccionales, como las redes que facilitan y apoyan intercambios políticos, económicos y sociales entre personas cuya única relación es el interés que comparten por un mismo tema.

Cuando se suman las consecuencias de las tres revoluciones, los efectos resultantes son enormes.  Hoy, se puede conocer toda la información disponible sobre casi cualquier tema, instantáneamente, en todo el mundo.  No importa cuánta información sea, dónde se produjo, ni quién la haya producido, toda esta información puede ser accesada por la multitud de personas que integran las redes de información. 

Todo cambió, y en cierta forma, nada cambió: Los archivos confidenciales del Departamento de Estado, el despertar de los pueblos árabes, la conducta escandalosa de figuras públicas, vaya, hasta lo que hicieron mis nietos durante sus vacaciones,  está disponible en las redes electrónicas y se puede accesar, con o sin el consentimiento de las personas que las subieron a las redes.  En este sentido, todo cambió, porque hasta hace poco el costo de distribuir la información limitaba su difusión.  Hoy esa restricción ya no es un impedimento.

La tecnología actual permite multiplicar el impacto potencial y el ritmo de cambio social, económico y político de cualquier condición latente.  Pero eso no quiere decir que todo lo que se transmita tendrá impacto transformacional.  Pasamos de una situación en la cual lo caro era difundir información a una en la cual lo difícil es ganar la atención del público meta.  Esto explica en parte por qué las notas de prensa son cada vez más escandalosas.  También explica por qué las organizaciones compiten por resaltar sus ofertas en los portales que distribuyen la multitud de documentos que se detectan cuando se usan las herramientas de búsqueda de internet.  Pasamos de una situación en la había relativamente poca información disponible a una en la cual nos ahogamos en ella.

Los mensajes que se transmiten están en intensa competencia por destacar del montón.  Entramos en una era en la cual el micro-marketing es la base del éxito.  Para que tengan impacto es indispensable confeccionar mensajes que satisfagan las expectativas de segmentos específicos de la población.  Generalmente,  estas personas ya están motivadas para escuchar cierto tipo opciones, pero requieren recibir el mensaje que potencie sus expectativas.  La predisposición hacia cierto tipo de mensajes es el mecanismo que gobierna qué ideas tendrán éxito y cuáles fracasarán. 

En mi opinión, los que afirman que las redes sociales fueron la causa del amanecer árabe confunden fines y medios.  El hambre de cambio ya estaba presente en la juventud árabe que respondió a los mensajes a manifestarse.  Tarde o temprano, el despertar árabe se iba a dar.  Las condiciones preexistentes hacían que el cambio fuera ineludible.  Pero esta predisposición no garantiza que el resultado sea un estado liberal moderno.  Es posible que la movilización actual resulte ser un falso amanecer;  un período de actividad frenética sin rumbo.  Creo que esto es altamente probable porque antes no se difundieron propuestas sociales coherentes ni se formaron los cuadros y las instituciones requeridas para llevar la transformación a buen término. 

No cabe duda que la velocidad con la cual se puede difundir información, cambiará al mundo.  Pero para maximizar los beneficios potenciales de la nueva situación es indispensable haber preparado el camino.  Sin estas inversiones se pueden catalizar procesos ruidosos pero estériles.   

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.