Artículo

Patrimonio de las familias americanas

A veces una imagen gráfica comunica con un vistazo lo que requiere cientos de palabras para comunicar.  En FRED, la base de datos del Federal Reserve Bank de St. Louis, puede uno hacer consultas sobre temas que no se comentan frecuentemente en medios.  Uno de ellos es el estado que guarda el patrimonio de las familias americanas que está invertido en bienes raíces. 

Los bienes raíces aumentaba más, creciendo a ritmos que superaban lo que se podía obtener en los mercados de capitales.  Esto tuvo un efecto enorme sobre la conducta de las familias americanas.  Como su patrimonio en bienes raíces estaba creciendo ya no era necesario preocuparse sobre su situación económica de largo plazo.  Por ello, optaron por reducir la proporción de su ingreso disponible que ahorraban ¿para qué sacrificar consumo presente si el valor de su patrimonio estaba creciendo a ritmos tan elevados?  También aumentaron su nivel de endeudamiento.  Dos condiciones motivaron esta conducta: primero, los consumidores sentían que estaban sobre bases seguras puesto que su patrimonio en bienes raíces estaba creciendo a ritmos que permitían asumir mayor deuda; segundo, el costo del financiamiento era bajo.  En el momento pico del mercado de bienes raíces de EUA (2005), la familia promedio americana tenía un patrimonio en bienes raíces de más de 100 mil dólares.  Todo mundo se sentía rico.

La burbuja del sector de bienes raíces estalló en 2008.  A partir de entonces, todo ha sido sangre, sudor y lágrimas.  El valor del patrimonio en bienes raíces se desplomó.  Todo lo que se había acumulado entre 2000 y 2005, se esfumó.  Al concluir el primer trimestre de este año, el valor promedio del patrimonio en bienes raíces era de menos de la mitad.  La mayoría de las familias que invirtieron en bienes raíces después de 2005, perdieron una parte significativa de su inversión, si no toda.  Si se habían apalancado para comprar el bien inmueble, es altamente probable que todavía deban la mayor parte de la deuda que asumieron para adquirir el bien raíz. 
Todo lo anterior explica por la economía de EUA tardará varios años en volver a crecer a buen ritmo.  Los consumidores tienen que des-apalancarse antes de volver a consumir a los ritmos que acostumbraban.  Muchos también tienen que resignarse y aceptar que perdieron todo lo que tenían invertido en bienes raíces y que jamás recuperaran el patrimonio que tenían en sus casas.  La consecuencia de lo anterior es muy importante: Estas personas tendrán que reducir la proporción de sus ingresos que dedican al consumo permanentemente para ahorrar los recursos que requerirán para poder retirarse algún día.  Para colmo, algún día también tendrán que enfrentar el hecho que sus ingresos disponibles se verán reducidos por la mayor carga fiscal que tendrán que asumir para hacer frente a los programas de gasto social que el gobierno americano aprobó recientemente. 
Todo lo anterior tiene implicaciones para México.  El mercado de EUA ya no será el gran destino que era para las exportaciones de bienes y servicios producidos en México.  Para ilustrar lo que esto significa conviene considerar un par de ejemplos: antes de la crisis, Estados Unidos compraba alrededor de 16 millones de autos.  Actualmente, los americanos compran alrededor de 12.6 millones de autos (21 % menos). El cambio no solo fue cuantitativo: la crisis también influyó sus preferencias, actualmente compran unidades de más bajo valor. 
La crisis americana también afectó el negocio de turismo.  Durante 2009, los ingresos por turismo extranjero cayeron 15 %.  Esta cifra derivó de una combinación de factores: la crisis; la depreciación del peso; la violencia que hay en el País y la fiebre porcina.  En 2010, los ingresos del sector turismo crecieron pero todavía están lejos del nivel que tenían antes de la crisis y quién sabe cuándo recuperen el nivel anterior. 
Tenemos que acostumbrarnos al hecho que los americanos tardarán una década o más en recuperarse totalmente de la crisis actual.  Si nuestro objetivo es hacer crecer el nivel absoluto de nuestras exportaciones a ese país, tendremos que hacerlo ganando participación de mercado a otros.  Para ello, no nos quedará otra opción más que mejorar nuestra competitividad.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.