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Peak stuff'

La semana pasada participé en un evento de A.T. Kearney que estimuló ideas que siguen retumbando en mi cabeza.
Erik Peterson, socio de la consultora, hizo una presentación particularmente interesante sobre 10 tendencias que están cambiando el mundo.
Una de las tendencias que identificó fue la transformación de los patrones de consumo en los mercados de las economías más avanzadas, misma que se empieza a observar en las economías en vías de desarrollo.

En economías como las de EUA, Reino Unido, Alemania y varias más, los consumidores están consumiendo menos "cosas". En estos países, los consumidores están cambiando sus patrones de consumo. En vez de adquirir "cosas", están adquiriendo una amplia variedad de servicios, los cuales son menos intensivos en insumos físicos. Al parecer, en estas economías el pico de venta y consumo de "cosas" ya pasó.

El nuevo patrón de consumo tiene varios atributos positivos entre los cuales destaca que la economía pos-"cosas" tiene un menor impacto sobre el medio ambiente que el patrón de consumo previo, el cual daba prelación a la adquisición de bienes duraderos (autos, viviendas, equipos eléctricos y electrónicos) y toda una gama de otros productos de menor duración, (ropa, juguetes, artículos de consumo, enseres domésticos, etc.)

El cambio de preferencias de los consumidores que inicia no es anodino. Sus efectos transformarán las economías de los países y empresas que se han especializado en la producción, venta y servicio de "cosas". Por contra, el cambio favorecerá a las empresas y a los países que se han especializado en la provisión de servicios modernos.

El cambio tecnológico está acelerando el cambio de hábitos de consumo, reduciendo aun más la producción de "cosas". Por ejemplo, las plataformas digitales están facilitando el consumo colaborativo de autos (Uber) y viviendas (Airbnb).
La oportunidad de negocios asociada con el consumo colaborativo es enorme y está creciendo velozmente. Por ejemplo, la consultora PWC estima que durante 2017 los ingresos asociados con el consumo colaborativo en Europa crecerán 60 por ciento, llegando a un nivel de 27 mil millones de euros. El monto actual de ingresos asociados con este mercado ya no es pequeño, pero lo realmente asombroso es la tasa de crecimiento asociada con el consumo colaborativo. Pero todo este consumo viene a expensas de la producción y venta tradicional de bienes y servicios.

Los gustos y hábitos de consumo de los "millennials" son otro motor del cambio que se está gestando.
La generación de consumidores americanos conocida como los "millenials" llegó a la mayoría de edad justo cuando la economía de EUA entraba en crisis. Esto causó que muchos de los 83 millones de personas que componen esta generación tuvieran problemas para generar ingresos que les permitieran adquirir "cosas", como sus padres.

La escasez de oportunidades de empleo y la familiaridad de los "millennials" con el uso de herramientas digitales tuvo un impacto significativo sobre su conducta económica.
Los "millennials" se acostumbraron a comprar menos "cosas"; en vez, decidieron estar satisfechos con "tener acceso" a "cosas". Los "millennials" piensan que tener acceso es un sustituto adecuado de ser propietario de "cosas".

Los "millennials" también aprendieron a preferir "vivir experiencias" que a "tener cosas". Como dice un amigo: es una generación que prefiere la memoria de haberse aventado con paracaídas desde un avión, a la satisfacción de ser dueños de un televisor de 60 pulgadas que dará servicio durante muchos años.
Todo lo anterior tiene implicaciones para México. Durante las últimas tres décadas los empresarios y el Gobierno del País hicieron un esfuerzo importante por crear un entorno económico competitivo para la manufactura de "cosas". Pero, la demanda actual de los consumidores favorece la venta de experiencias poderosas sobre la venta de los productos que brindan servicios duraderos.

Los sectores productivos del País tendrán que adaptarse a los nuevos patrones de consumo. Afortunadamente para el sector empresarial del País, México cuenta con una oferta amplia y variada de recursos naturales y culturales útiles para satisfacer las preferencias de los "millennials" y de otros segmentos de consumidores que se sienten atraídos por experiencias exóticas y diferentes de las experiencias cotidianas disponibles en economías avanzadas.

Pero, para ganar en la nueva economía las empresas mexicanas deberán rediseñar sus ofertas, mejorando la calidad e intensidad de las experiencias que ofrecen a sus consumidores y organizando sus ofertas en torno a plataformas digitales apropiadas para soportar las fórmulas de consumo colaborativo.

El pico de la economía de "cosas" probablemente quedó atrás. No obstante lo anterior, durante los años que vienen seguirá habiendo oportunidades para participar en la producción y ventas de "cosas", siempre y cuando la oferta de bienes producidos en México siga siendo competitiva. Si a esto sumamos las oportunidades que se están abriendo para aprovechar los activos naturales y culturales del País en el sector servicios, las cosas no pintan tan mal para el País en la nueva economía de servicios modernos y experiencias fuertes.

Publicado por Reforma
16-11-2017