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Pemex, el barril sin fondo

FOTO: ÁNGEL HERNÁNDEZ /CUARTOSCURO.COM

Pemex está en el centro de la estrategia económica de este sexenio. El pasado julio, la actual administración presentó el plan de negocios de Pemex para los siguientes años, el cual incluye una serie de medidas que buscan revertir el deterioro de la petrolera. Entre 2019 y 2022 el Gobierno mexicano pretende incrementar el flujo de efectivo de la empresa en 455,887 millones de pesos, al usar principalmente aportaciones de capital, apoyos fiscales, prepago de pagarés y apoyo en la estrategia de combate al robo de combustible.

Este paquete de ayuda es uno de los más ambiciosos desde 2006. Desafortunadamente, al igual que en sexenios pasados, inyectarle más recursos a Pemex sin hacer cambios de fondo en la manera en que toma decisiones, invierte y opera será como echar dinero a un barril sin fondo.

Para dimensionar la magnitud de este paquete, el monto total de ayuda para Pemex equivale a cinco años del presupuesto de pensiones para adultos mayores. Esto nos hace plantearnos si esta es la mejor estrategia para incrementar su productividad y el mejor uso que tienen los impuestos de los mexicanos.

Sin duda debemos rescatar a Pemex, principalmente por su relevancia económica y para las finanzas públicas. Tan solo en 2018, Pemex entregó al Estado por concepto de impuestos, derechos y aprovechamientos más de 932,000 millones de pesos. Por otra parte, se encuentra en quiebra técnica. Desde 2009 sus gastos han sido mayores a sus ingresos y esto la ha obligado a contratar deuda que hoy se contabiliza en 2 billones de pesos.

Además de dinero, ¿qué cambios necesita Pemex? En el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) lanzamos un documento de investigación que hace un diagnóstico de la situación actual de Pemex y del plan de rescate propuesto en julio . En él exponemos nuestras propuestas de política pública para potenciar el alcance de la inyección de recursos para la empresa productiva del Estado.

Primero, Pemex necesita más independencia. Las decisiones de la petrolera deben ser tomadas en función de una estrategia de negocios que la haga más rentable y no para atender intereses políticos. Su gobierno corporativo debe separar muy bien aquellas decisiones de política desde el gobierno y aquellas que son inherentes al negocio energético.

En segundo lugar debe implementar un programa de austeridad para poder financiar sus costos sin incurrir en deuda adicional, así como elevar su productividad laboral.

Tercero, debe focalizar su inversión en exploración y producción de hidrocarburos. Este segmento de la cadena de valor del petróleo es el más relevante para Pemex ya que es ahí donde obtiene más ganancias que transfiere al Estado. Insistir en invertir más recursos en otros segmentos como el de refinación, en donde Pemex por ineficiencias pierde dinero trimestre a trimestre, no es una decisión que obedezca a las condiciones de negocio de la empresa.

Por último, para fortalecer la seguridad energética de México se debe reactivar la participación y asociación con la iniciativa privada para explorar y explotar reservas en aguas profundas y yacimientos convencionales. Pemex necesita de las capacidades financieras y tecnológicas de otros operadores petroleros para incursionar en este tipo de proyectos. Además, es necesario que comparta el riesgo geológico y financiero de esos proyectos, el Gobierno y el contribuyente no pueden apostarle solos a este tipo de exploración.

La actual Administración tiene el capital político para empujar reformas fundamentales y mejorar la operación de la empresa, modificaciones que antes hubieran sido impensables. Para hacer las cosas diferentes a como ha sucedido en el pasado se debe exigir corresponsabilidad y compromisos por parte de Petróleos Mexicanos y otros actores relevantes del sector para destrabar ineficiencias. Sin estos cambios de fondo, el sector petrolero y Pemex no serán una verdadera palanca de desarrollo para el país.

Publicado por Expansión
15-10-2019