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PEMEX y la tragedia del Golfo

La explosión de Deepwater Horizon del 20 de abril costó la vida a 15 trabajadores. La plataforma arrendada por BP para perforar en aguas profundas se hundió 36 horas después y ahora yace 1,500 metros bajo la superficie del Golfo.

Deepwater Horizon era una máquina sumamente sofisticada. Con un costo de más de mil millones de dólares, fue diseñada para operar en profundidades extremas. La nave poseía el record internacional de perforación en aguas profundas. Macondo Prospect, el pozo en el que trabajaba cuando se hundió, no era un reto inusual para esta gran nave que había perforado un pozo a más de 10,680 metros de profundidad.

Días después de la explosión, el petróleo se sigue derramando. Cuando menos 5,000 barriles, equivalentes a 800,000 litros cada 24 horas. Pero esta cantidad, que es la cifra oficial que usan BP y el gobierno de EUA, parece subestimar la situación. Algunos expertos creen que la fuga real es veinte veces mayor.

La fuga de petróleo más grande de la historia es la del pozo Ixtoc, perforado por PEMEX durante los años setenta. Se estima que Ixtoc derramó unos 530 millones de barriles. Para alcanzar ese nivel, el derrame actual tendría que durar al menos 33 días al ritmo arriba mencionado, y 663 días si son correctas las cifras oficiales.

En cualquier caso, Macondo Prospect tendrá un impacto enorme sobre el medio ambiente. En aguas profundas los daños ambientales son difíciles de calcular, pero se hacen cada vez más visibles y costosos conforme avanza la mancha hacia las costas del Golfo. Muchas especies marinas viven y se reproducen en aguas someras próximas a las costas. Esto afectará a varias generaciones de dichas especies, puesto que las concentraciones de petróleo tardarán años en reducirse a niveles tolerados por la vida marina.

Todavía es temprano para conocer el impacto económico de la tragedia ambiental que está en marcha. De lo que no hay duda es que excederá el costo de cualquiera otra hasta ahora contabilizada, en virtud del tamaño del derrame, así como de la mayor conciencia ambiental y capacidad de los norteamericanos para estimar los efectos económicos y ecológicos. No me sorprendería que el costo final de daños sea comparable al de grandes desastres naturales, como el huracán Andrew o el terremoto chileno.

La magnitud económica de la tragedia deriva del hecho de estar trabajando en condiciones extraordinariamente inhóspitas. El pozo de BP estaba a 1,500 metros bajo la superficie del mar. A esa profundidad la presión atmosférica es 150 veces más alta que la presión estándar del nivel del mar y cada centímetro cuadrado de superficie soporta una presión equivalente a varias toneladas. Cualquier defecto de diseño pone en riesgo la operación de estas maquinarias delicadas y costosas que funcionan bajo esas condiciones 24 horas diarias durante la vida de operación del pozo.

Las áreas de producción más prometedoras de PEMEX se encuentran en aguas significativamente más profundas que las que estaba desarrollando BP en el Golfo. Para producir petróleo en el área del derrame, BP armó un equipo de clase mundial: contaba con los servicios de Deepwater Horizon para la operación en aguas profundas y estaba utilizando a Halliburton para llevar a cabo la perforación del pozo. A nivel mundial, no se podía armar un equipo con mejores calificaciones técnicas para llevar a cabo el proceso.

Ahora imagínense a PEMEX en las mismas circunstancias; trabajando con todas las limitaciones que derivan de la normatividad que rige la operación de las empresas paraestatales; tratando de librarse de los obstáculos que imponen los intereses del Sindicato y subcontratistas de la empresa, que dificultan solicitar los servicios de empresas mejor calificadas para tareas comparables y quizá más complicadas. Francamente, se me pone chinito el cuerpo sólo de pensar en ello.

La experiencia de PEMEX operando en aguas profundas es muy limitada (lleva 4 pozos a profundidades cercanas a un kilómetro). Tampoco tiene mucha experiencia armando equipos técnicos de clase mundial para operar en estas condiciones. Por ello, cuando se disponga a dar los primeros pasos en esta dirección debe actuar con suma cautela. Los riesgos que se correrán me aterran. No debemos olvidar las lecciones de Ixtoc ni perder de vista lo que nos enseña la experiencia de BP. Trabajar en aguas profundas es operar en los veneros del diablo.

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.