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Petróleo y riqueza

FOTO: ESPECIAL / CUARTOSCURO.COM

“El mejor negocio del mundo es una empresa de petróleo bien administrada. El segundo mejor negocio del mundo es una empresa de petróleo mal administrada”. John D. Rockefeller

El sábado pasado el IMCO llevó a cabo la tercera sesión del seminario de energía, donde discutimos temas más importantes del sector. Durante las primeras sesiones, se habló de electricidad; Víctor Ramírez (@vicfc7) platicó lo básico sobre la red eléctrica y las distintas fuentes de generación, renovables y no renovables. Ocho días después, Montserrat Ramiro (@MontseRamiroX) y Jesús Serrano, ambos excomisionados de la Comisión Reguladora de Energía, explicaron las características del modelo del sector eléctrico vigente en ley, y cómo las políticas públicas recientes han entorpecido el diseño regulatorio. De continuar las políticas actuales de supuesto balance y autonomía energética, los costos del sistema obligarán al Estado mexicano a subir los precios de la electricidad o a destinar mayores montos de subsidio a su operador, la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

El sábado pasado compartimos el podio electrónico Erick Sánchez Salas (@erickussalas) de IHS Markit, firma especializada en información petrolera; Merlín Cochran (@Cochran_Merlin), de la Asociación Mexicana de Hidrocarburos (@AMEXHI_Oficial), asociación que agrupa a las empresas dedicadas a la exploración y extracción de petróleo crudo (el llamado upstream, o aguas arriba); y su servidor (@mjmolano).

Un tema que nos obsesionaba en el IMCO en los años 2012 a 2014, cuando se discutía la reforma al sector energía, es el del efecto del petróleo en el desarrollo. Juan Pardinas, quien era el director, dijo un día que el petróleo no garantizaba el progreso de las naciones; el petróleo te permite construir un país como Noruega o destruir una nación, como Nigeria. La diferencia está en las instituciones que te permiten administrar mejor la renta del petróleo.

La renta del petróleo es una utilidad fuera de lo normal que no es obtenible a través de ningún otro negocio. El petróleo es especial porque contiene una gran cantidad de energía almacenada, una densidad energética que no tienen otras sustancias. Erick Salas nos comentó que el costo integrado de extracción normalmente anda entre 5 y 25 dólares por barril, dependiendo de la dificultad del pozo y la tecnología utilizada. Si el barril se vende a 50, 75 ó 100 dólares, la diferencia entre ese precio y el costo de extracción es la renta petrolera.

El problema de las naciones dotadas de un recurso no renovable o es qué hacer con la renta. Los políticos nos dirán que hay que gastarla e invertirla en el desarrollo e infraestructura del país. Eso tiene sus dificultades. Uno, porque si no hay instituciones técnicamente sólidas que escojan los proyectos de inversión y lleven a cabo aquellos que son más útiles para la sociedad, la riqueza enterrada se convierte en activos inútiles. Dos, porque siempre que hay un flujo de dinero en manos de agentes con poca supervisión social, y ahí hay todo tipo de corrupción. La política es el arte de entretener clientelas electorales al menor costo posible para obtener votos, y el petróleo puede convertirse en el gran financiador de este tipo de orden político, que al final socava o destruye a las democracias.

Tres, la renta petrolera no se debe gastar en lo primero que se nos ocurra, porque estamos rompiendo una regla de sustentabilidad diseñada por Hartwick (1974) y otros economistas. La regla de Hartwick establece que la renta de los recursos no renovables debe convertirse en algún tipo de activo para las generaciones futuras. Por eso los noruegos lo convierten en un fondo financiero; por eso los saudí-árabes lo invierten en la educación de su población, para prepararlos para un futuro sin petróleo.

En la discusión de qué hacer con la renta del petróleo, están ausentes los mexicanos que no han nacido. Podría haberlo cantado Serrat: “Mexicanito que vienes al mundo te guarde Dios”. En la medida en que la renta del petróleo siga financiando políticos demagogos, obras faraónicas de vanidad, y clientelas electorales, nuestra patria se acercará más a parecerse a Nigeria y menos a parecerse a Noruega. Hay mucho espacio para mejorar, hay mucho espacio para empeorar. ¿Qué México le dejamos a nuestros hijos y nietos? ¿Uno que les rompa el corazón?

Publicado por El Financiero.
10-02-2021