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Petunia

A Enrique Peña Nieto le importa una petunia el combate a la corrupción. La frase anterior, que abre este artículo, no aspira a ser una afirmación, sino una hipótesis. En los siguientes párrafos, presentaré evidencia para que tú, estimado lector, decidas si la hipótesis es correcta o infundada.

El 18 de julio pasado, Virgilio Andrade renunció a la Secretaría de la Función Pública. La fecha de la renuncia fue un poco extraña. Ese mismo día, un par de horas después, en Palacio Nacional se llevó a cabo la ceremonia de promulgación de las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción. La ocasión era un motivo de festejo para la República. A pesar de que el paquete legislativo tenía algunas lagunas y debilidades, las nuevas normas contienen la semilla de transformaciones profundas. La mayoría de los reportes de radio y notas de prensa destacaban primero la dimisión de Andrade y luego mencionaban las flamantes herramientas jurídicas para combatir la corrupción. Con la remoción del polémico funcionario, ese mismo día, el Ejecutivo opacó un logro compartido entre la sociedad civil y el Congreso. Las cosas buenas no se cuentan y cuando se quieren contar... un cambio en el gabinete sabotea el ciclo de noticias.

Dejemos a un lado los inexplicables autosabotajes en la comunicación de Los Pinos y volvamos a la hipótesis central que anima este texto: al presidente de la República le importa una flor silvestre la construcción de instituciones para frenar la impunidad. El próximo martes 18 de octubre se cumplen tres meses sin secretario de la Función Pública. Las vacantes de cargos públicos no son una rareza de este gobierno. El año pasado la Embajada en Washington estuvo sin titular por más de 5 meses, mientras que Donald Trump preparaba la estrategia de su campaña presidencial. La Secretaría de la Función Pública es uno de los siete pilares del Sistema Nacional Anticorrupción. Esta dependencia es la encargada de vigilar los recursos públicos del gobierno federal, establecer la política de compras públicas y auditar el gasto en obra, entre otras varias cosas. Con la dependencia acéfala se puede interpretar que ninguna de estas actividades le resultan prioritarias al titular del Ejecutivo.

¿Más evidencia para confirmar la hipótesis? Digamos con algún eufemismo que el tema de la corrupción ha cobrado una desgraciada relevancia en la vida nacional. Para evitar suspicacias e interpretaciones negativas hubiera sido deseable que la Secretaría de Hacienda presentara un proyecto de presupuesto detallado para el Sistema Nacional Anticorrupción. Tal vez fue la visita de Trump o el cambio de secretario, pero el equipo de Hacienda omitió incluir al SNA en un Anexo del Proyecto de Presupuesto para 2017. Ante la falta de una estimación presupuestal de Hacienda, el Senado hizo un primer cálculo tentativo de 143 millones de pesos anuales para la operación del SNA en el año de su fundación.

Junto con Enrique Peña Nieto hay otro político mexicano que no mira con buenos ojos el Sistema Nacional Anticorrupción: Andrés Manuel López Obrador. Ante el cálculo financiero del Senado, AMLO salió a decir que ese gasto será un "derroche" de recursos públicos. De acuerdo a la página del INE, el partido de Morena recibirá 392 millones de pesos en 2017. Con menos de la mitad del dinero que se le entrega al partido del AMLO se podría financiar al SNA. Seguramente, el Peje debe considerar que el millón y cacho de pesos diarios que recibe Morena es el dinero mejor gastado en la historia del presupuesto nacional. Con una reducción de 50% al financiamiento de todos los partidos políticos, como lo propone un grupo plural de senadores, el SNA tendría un enorme margen para forjar su infraestructura y su músculo tecnológico. Sin embargo se ve difícil que Peña o el Peje quieran cortar alguna flor de aquel jardín.

Publicado por Reforma
16-10-2016