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Poder improductivo

"Venimos a limpiarle su plantita". Dos mujeres armadas con un trapito húmedo entraron a una oficina del corporativo de Pemex con una misión clave para garantizar la seguridad energética de México: quitarle el polvo a las hojas verdes que adornan las oficinas de los funcionarios del monopolio paraestatal. Según me narra un ex empleado, la empresa petrolera que ostenta los colores de la bandera nacional tiene trabajadoras especializadas en la función de desempolvar follaje. Esta semana Reforma reportó que, en 2012, Pemex transfirió a sus líderes sindicales 302 millones de pesos para viajes, festejos, desfiles y otras actividades propias de la industria petrolera.El presidente Peña Nieto ha puesto el tema de la productividad en el centro de la agenda nacional. Los mexicanos trabajamos muchas horas, pero producimos insuficiente riqueza, en proporción al esfuerzo invertido. Como sostiene William Lewis, el gurú global del tema, la productividad de una nación es simplemente el promedio de la productividad de todas las empresas que operan en esa economía. A su vez, la productividad de cada empresa está determinada por la productividad individual de cada trabajador.

¿Qué le ocurre a un país cuando la empresa más grande de la economía dedica recursos para limpiar plantitas, organizar carnavales y una larga lista de proyectos perfectamente improductivos? Las señoras que sacuden plantas de maceta son una anécdota infinitesimal dentro del despilfarro sin propósito del gigante petrolero. De acuerdo con el listado de Expansión 500, Pemex y CFE son la primera y la cuarta empresas más grandes de México. Ambas son el prototipo perfecto de la improductividad.

De acuerdo con un estudio de Eduardo Martínez Chombo, publicado en el 2009, la Comisión Federal de Electricidad tiene uno de los niveles de productividad por trabajador más bajos de América Latina. Por cada Mega Watt Hora que produce un empleado de CFE, un trabajador de la compañía electricidad de Chile CGE produce más del doble. Las empresas estatales de electricidad de Costa Rica, Colombia y Venezuela aparecen como mucho más eficientes que CFE. Nuestro monopolio eléctrico de clase mundial sólo se salva de los últimos lugares de productividad porque en el tiempo en el que se realizó el estudio todavía existía Luz y Fuerza del Centro.

La raíz de la improductividad del sector energético mexicano no es un problema de naturaleza económica sino política. Para preservar la calma con los respectivos sindicatos, las negociaciones salariales entre la empresa y los trabajadores ocurren en un mundo paralelo donde el dinero crece en los árboles. Martínez Chombo demuestra cómo, entre 2000 y 2009, los salarios de los trabajadores del sector eléctrico tuvieron una tasa de crecimiento 40% por arriba del resto de los trabajadores. De acuerdo con cifras de INEGI, una persona dedicada a limpiar plantitas y otras actividades de aseo gana 90% más si labora en una empresa pública de electricidad que si trabaja en la iniciativa privada. El problema no son los altos salarios, sino que estos ingresos adicionales son resultado de la capacidad política de extracción de rentas. Ese músculo para mantener el status quo es el poder de la improductividad.

El sector privado mexicano no necesita lecciones sobre productividad. Las empresas exportadoras nacionales compiten con éxito con chinos, alemanes y estadounidenses. El desempeño global del sector automotriz mexicano es testimonio contundente de la vocación productiva de la iniciativa privada. El problema es que, en gran medida, la industria depende de los insumos energéticos que proveen Pemex y CFE. Más que democratizar, se requiere estatizar la productividad. Si los dos monopolios paraestatales de energía dieran mejores rendimientos por cada peso de inversión, esto tendría un efecto cascada sobre el crecimiento y la eficiencia de toda la economía. La mejor política a favor de la productividad será reformar los sectores monopolizados por el propio gobierno.