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Por si los datos no bastan

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

“Pues aquí, decepcionado”, dice Don Eduardo para romper el hielo mientras limpia mesas y acomoda sillas para recibir a sus clientes. “Decepcionado de mi voto por Andrés Manuel”, remató. La plática promete ser una oportunidad para escuchar los argumentos de alguien sin la ceguera de taller que caracteriza por igual a defensores y críticos del nuevo Gobierno.

A pesar de no coincidir con todas sus opiniones, nuestro protagonista le puso rostro e historia al talón de Aquiles de esta Administración: el bolsillo de los ciudadanos.

Don Lalo administra y atiende desde hace algunos años un modesto establecimiento. Sirve cerveza, cacahuates y chicharrones enchilados en horario familiar a obreros, empleados de almacenes y oficinistas de una antigua colonia industrial. Además del bar, sus ingresos se complementan con una pensión sobre la que al reír dice: “es decente, que no me alcance, es otra cosa”.

Su estrategia es no enfocarse en la venta alimentos, deja que sus clientes lleguen al lugar con lo que quieran comer. Dice que no tiene sentido insistir en preparar platos que no dejan márgenes de ganancia, mejor enfocarse en el negocio bueno, la bebida. Petróleos Mexicanos podría aprender un poco sobre esta estrategia, dejar de meterle recursos a la refinación, donde pierde dinero, y usar el músculo de la inversión privada para detonar producción .

Además, no es ajeno al sector. Su experiencia en las plataformas del Golfo de México le dio una visión empírica y atinada sobre la política energética, pero también sobre la política del petróleo. Es claro en su diagnóstico: “no estamos en los años dorados del petróleo, yo lo viví pero el mundo cambió y no podemos apostarle todo”. No podría estar más de acuerdo.

Mientras deja en la mesa el periódico que lee a diario, enciende un cigarro. “En mi casa ya doy seis pesos menos para el gasto” dice riendo de nuevo al referirse al aumento del impuesto a uno de sus dos vicios, la nicotina (el otro es el café). Deja la broma de lado e insiste que la realidad ya lo alcanzó y sus anécdotas se convierten en evidencia.

Una de sus mejores mesas de clientes, que le consumía dos veces por semana, ha dejado de visitarlo con tanta frecuencia. Otros le dicen que la situación está poniéndose dura, pero que pasan a darse una vuelta después. La percepción de sus consumidores es certera: en 2019 el crecimiento económico fue de 0% el número de empleos formales generados fue el más bajo desde la crisis de 2009 .

Don Eduardo votó con la esperanza de un cambio. En general apoyaba el discurso y los planteamientos de la nueva Administración pero sabía que no todas las promesas eran posibles de cumplir y que gran parte de la transformación sería simbólica o política. Lo que no esperaba era que ante la falta de resultados, la respuesta sería la cerrazón y “otros datos”.

La impunidad es uno de los temas que más le duelen. Los “otros datos” no se limitan solo a la coyuntura económica, también a la política de oídos sordos sobre las acusaciones de corrupción en contra de colaboradores cercanos al presidente y miembros de su partido.

A Don Eduardo le parece inaceptable la simulación de ir contra presuntos malhechores de los últimos tres sexenios mientras expresidentes pasean en el extranjero y otros sospechosos pasean en la Administración actual.

Probablemente sus años de trabajo en el mantenimiento de equipo para la industria automotriz desarrolló en él un respeto peculiar por la técnica, la eficiencia y los resultados. Don Lalo tiene claro que en la tecnocracia también puede haber ética y que gastar dinero del pueblo sin análisis no es una opción viable de desarrollo, aunque se diga que se hace con honestidad.

“¿Por qué no mejor mandan ese dinero a la clínica rural donde da consulta mi hijo? Ahí sí hay miseria”, dice nuestro amigo mientras habla sobre la implementación del programa de becas para jóvenes que no estudian ni trabajan. Aunque personalmente creo que un programa así tiene beneficios potenciales si es bien administrado, entiendo que para él, el costo de oportunidad es alto.

La transparencia, eficiencia y efectividad de Jóvenes construyendo el futuro tampoco son obvias, por lo que es importante que el Gobierno decida, con base en datos confiables, si este programa debe continuar o si los recursos pueden ser destinados a otros sectores prioritarios como la salud, en donde el gasto por persona ha disminuido en la última década.

“Me gustaría que escucharan”. Esta es la petición sincera pero, sobre todo, sensata que resume el desencanto de nuestro anfitrión. Los proyectos políticos y económicos no son infalibles. El riesgo más importante de esta Administración es no abrirse a la crítica constructiva para aminorar su falta de efectividad.

No corregir el rumbo y no atender los malos resultados económicos y sociales desencadenará una insostenibilidad económica de consecuencias nefastas para los mexicanos. Si los datos duros no son suficientes, escuchemos las historias de la gente. Por ahora, al menos ya pasamos el recado de Don Lalo: Escuchen, por favor.

Luego de un par de horas le agradecemos a Don Eduardo y nos despedimos después de ser los únicos clientes. Esperamos regresar pronto y ver mesas llenas en ese rincón del país.

Publicado por Expansión
20-01-2020