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Porras y contrapesos

*Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

El cambio de régimen comenzó con una porra al nuevo Presidente. En la primera sesión del Congreso, la fuerza mayoritaria sentó el tono del debate legislativo de los próximos años. En un coro parlamentario, los diputados de Morena gritaron al unísono: "¡Es un honor estar con Obrador!". Los representantes populares ejercieron la libertad de expresar sus afectos y lealtades. Sin embargo, a la par de este derecho viene la responsabilidad principal de un legislador que es fungir como contrapeso del Poder Ejecutivo. En la cultura política que forjó el PRI, los diputados del partido en el gobierno eran los súbditos más obsecuentes del mandatario en turno. Las cosas no tendrían por qué ser muy distintas en la Cuarta Transformación. Con una oposición encogida por los votos ciudadanos y nulificada por sus propias torpezas, el presidente López Obrador tendrá el solitario desafío de ponerle límites a su propio poder. Los legisladores de Morena también tendrán que encontrar su respectivo sentido de utilidad pública, más allá del protocolo parlamentario y las alabanzas coreográficas a las virtudes presidenciales.

De acuerdo al informe de Latinobarómetro 2017, el 78% de l@s mexican@s no tiene confianza en el Congreso. Los legisladores, de todos los partidos políticos, tienen la enorme "área de oportunidad" de dignificar el trabajo parlamentario. Mejorar la percepción colectiva sobre las labores del Congreso no será una tarea ni fácil ni breve, pero hay mucho que puede cambiar. Esta semana, la consultora Integralia presentó su reporte sobre los vicios y costumbres del Congreso federal. En el estudio se argumenta que las asignaciones a los grupos parlamentarios son como una caja grande y opaca para la "gestión" de los coordinadores parlamentarios. No se puede hablar de "caja chica" cuando en 2017 se manejaron más de 2 mil millones de pesos en ambas Cámaras. Parte de estos recursos, argumenta Integralia, funcionan como una fuente paralela de financiamiento a partidos políticos.

La empresa mexicana Paybook diseñó la app Glass, que es una herramienta para la transparencia radical (No tengo acciones de esta empresa). En tiempo real, la aplicación reproduce información sobre todos los movimientos que ocurren alrededor de una cuenta de banco. El fideicomiso #FuerzaMéxico usa esta tecnología para informar cuánto, dónde y cuándo se usaron los fondos donados por empresas y ciudadanos para la reconstrucción por los sismos del año pasado. Nadie es profeta en su tierra. Los creadores de Glass ya están en conversaciones con un parlamento en Europa para que la aplicación funcione como medio para transparentar los dineros públicos que utilizan individualmente cada uno de los legisladores.

Esta semana el IMCO presentó su Informe Legislativo 2018, que presenta una radiografía de los 32 cuerpos legislativos de las entidades de la República. Si el Congreso federal tiene problemas, en los estados y la Ciudad de México la bronca es monumental. El presupuesto anual de la Asamblea Legislativa de la CDMX representa el doble del gasto total del Congreso Nacional de España. Los 580 diputados que integran nueve parlamentos regionales en España, incluyendo los de Cataluña y Madrid, se gastan lo mismo que los 66 diputados de la CDMX.

Con despilfarros como este, resulta muy explicable el éxito político de AMLO con su ejemplo y discurso de austeridad. Sin embargo, el buen ejemplo presidencial no será suficiente para transformar las dispendiosas costumbres de la clase política. La narrativa de austeridad puede quedar convertida en una moda sexenal si no se acompaña de cambios normativos, sanciones y herramientas tecnológicas que ayuden a fortalecer la presión ciudadana. No puede haber gobernantes honestos con congresos enfermos por el dispendio y la opacidad.

Publicado por Reforma
02-09-2018