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Precios por metro

FOTO: DANIEL AUGUSTO /CUARTOSCURO.COM

Los precios son importantes. Cuando están bien calculados nos mandan una señal. Si el precio es alto, quiere decir que el bien o servicio es escaso. Como consumidor, si no nos alcanza, la señal nos dice que hay que renunciar a muchas cosas para comprarlo. Como productor, los precios altos nos dicen que podemos competir con quien provee ese bien o servicio. Entregarle más valor al consumidor con algo más barato o de mejor calidad.

La información de los precios obliga al desarrollo tecnológico. Si los precios están enviando las señales correctas, las empresas usan la tecnología para apoyar a sus clientes. Los automóviles, los teléfonos y las casas actuales incorporan muchas tecnologías que no existían hace 100 años. También los trenes y la medicina. El mercado otorga más valor a los consumidores a cambio de menos dinero.

El Estado siempre trata de intervenir en los precios. Políticos y burócratas quieren ganar clientelas electorales. El Metro de CDMX tiene un sindicato que ha sido resistente durante décadas a subir las tarifas. Hay coincidencia de ese sindicato con un principio de la actual administración en la CDMX y federal: no se deben subir los precios.

Igualmente, el IMSS y los servicios de salud públicos locales han invertido de menos y gastado de más. En 50 años, debió aumentar tanto el gasto como la inversión. No vemos como el Metro podría funcionar sin policías o conductores, y tampoco vemos al IMSS o a los hospitales públicos funcionando sin médicas, enfermeros, camilleros o personal de limpieza.

Macario Schettino publicó el lunes 11 en su Twitter (https://cutt.ly/vjbPafT9) una gráfica: desde 1997, los gobiernos de la Ciudad de México invirtieron cada vez menos, y transfirieron a la población cada vez más. Tenemos otros datos, del sector salud nacional: el número de camas de hospital en México no ha cambiado en México desde los años 80. En China, se ha cuadruplicado. No debería sorprendernos que nuestros servicios públicos, sean hospitalarios o de transporte, estén saturados.

No ha habido suficiente inversión, y la señal de los precios es que no hay escasez en esos mercados. Señal equivocada, porque sí la hay. Un competidor que quiera ofrecer alternativas está perdido. Vean a los peseros, o a muchas clínicas privadas. Son alternativas para transportarnos o curarnos, que frecuentemente en realidad venden más saturación, inseguridad, a veces la muerte.  La tarifa insuficiente del gobierno se convierte en precio insuficiente para todos. Los costos sociales de la política de mantener los precios bajos son mucho mayores que si pagáramos el costo total y la utilidad del productor, como lo hacemos en el Metrobús, en un tren turístico, o en un Uber.

Si los mexicanos no queremos pagar más por el Metro, o por los servicios de salud, entonces tendremos que pagar más impuestos. También, tendremos que supervisar que la dupla político-burocrática use el dinero para  los bienes y servicios que más nos importan. Aquí hay “asincronía” en nuestras realidades, como dijera un famoso vacacionista. Si yo tengo seguro médico privado y coche, no le asigno tanto valor a subsidiar el IMSS, o a darle mantenimiento al Metro, como alguien que depende de estos servicios. Solamente el gobierno sabe cuánto cuesta ofrecer estos servicios. Cada uno de nosotros les asigna distinto valor.

Si el precio y el subsidio son insuficientes, el administrador de estos servicios tiene que racionarlos. O bien, esperar al momento en que el servicio truene por falta de inversión. En estos meses hemos visto ambas cosas suceder.

El neoliberalismo no es responsable de los problemas del Metro o el IMSS. Tienen la culpa todas las fuerzas vivas, sindicales, populistas, parasitarias de las instituciones, que han amenazado con “despertar al tigre” si las tarifas suben. El rezago es de años, y se hace inviable subir precios de un día para otro. Hasta un morenista de hueso colorado como Mario Delgado, entiende esto después de su paso por la Secretaría de Finanzas de la CDMX. Por eso subió las tarifas del Metro durante el mandato de Marcelo Ebrard.

¿Corrupción o estupidez? Construimos una sociedad donde nadie entiende por qué hay que pagar por lo que consumes. Creemos que hay cosas gratis, y no entendemos que si nadie quiere pagar, el servicio desaparece. Creemos que hay abundancia, y que la salud y el transporte deben ser un regalo. Tenemos que despertar de ese sueño inocente, que no es un sueño liberal.

Publicado por El Financiero
13-01-2021