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Precursores de crisis económicas

El juicio convencional de la mayoría de los economistas es que las crisis financieras derivan de errores en el manejo de los agregados económicos. La crítica más común es al diseño y manejo de la política monetaria: Generalmente se culpa a los banqueros centrales de mantener políticas excesivamente laxas que crean incentivos para que la cartera de los bancos crezca más allá de lo que es conveniente y para que se creen burbujas especulativas, sobre todo en los mercados de bienes no-comercializables. Esta crítica generalmente va acompañada de feroces comentarios respecto de la política cambiaria del país: que si la moneda está subvaluada o sobrevaluada; que si los términos de intercambio incentivan prácticas financieras imprudentes, etc.

Cuando las condiciones particulares no favorecen este tipo de críticas, la cargada se va contra la conducción de la política fiscal. En estos casos, generalmente el malo de la película es el Secretario del Tesoro del país en cuestión, pero si este monta una buena defensa, generalmente se culpa a los líderes del poder legislativo por politizar el manejo de las finanzas públicas.

Todas estas explicaciones aportan algo al debate, pero todas fallan al omitir del análisis una mayor consideración de las condiciones micro-económicas que prevalecían en los mercados reales de las economías antes de que estas entraran en crisis. Doy ejemplos tomados del libro Dangerous Markets: Managing in Financial Crises, del cual soy coautor:

*Antes de que estallara la crisis tailandesa (1992), los resultados de las empresas eran muy inferiores a los requeridos para justificar las valuaciones que se hacían de ellas. Para colmo, las utilidades proyectadas dependían de que se mantuviera la escalada de los precios de bienes raíces.
*Si la cartera de préstamos de los bancos mexicanos en 1995 se hubiera valuado a su valor probable de recuperación los bancos hubieran tenido que crear reservas equivalentes a cuando menos 5% del PIB. Tal cantidad era significativamente mayor que el capital contable consolidado de todo el sector bancario. Mucho antes de que estallara la crisis cambiaria en 1995, en la cartera de los bancos acechaba una crisis bancaria enorme: las empresas acreditadas no generaban los flujos requeridos para servir sus compromisos financieros.
*La crisis bancaria de Suecia (1985) también derivó de créditos hechos para financiar negocios de bienes raíces que eran sumamente sensibles a pequeños a la política monetaria del banco central; y así una larga lista de etcéteras.

Del análisis de estas crisis y otras (Rusia, Estados Unidos, Argentina, Colombia, Jamaica, Rumania, República Checa, Turquía, etc.) concluimos que todas las crisis financieras tienen en común que significativamente antes de que estas estallaran, la mayoría de las empresas del sector real obtenían rendimientos por debajo de su costo de financiamiento. En estos mercados ocurría lo que los financieros denominan destrucción de valor.

Visto desde esa óptica, uno de los indicadores más útiles para pronosticar la probabilidad de que un sistema financiero entre en crisis es si hay evidencia sistemática de destrucción de valor.

*En Corea los principales sectores de la economía habían generado valor en solo cuatro de los quince años previos a la crisis, y aun este resultado esconde la situación real, puesto que si se excluyen los dos sectores más rentables (electrónica y acero), durante ese lapso las empresas coreanas solo generaron valor durante dos años. El sector financiero había estado acumulando riesgos incobrables, pero nadie se había dado cuenta.
*Este patrón se repitió en México. Durante los cuatro años previos a la crisis de todas las empresas cotizadas en la Bolsa solo Telmex logró cubrir su costo integral de financiamiento. Los bancos estaban compitiendo intensamente haciendo préstamos malos. Durante ese periodo, la cartera creció a más de 20% al año.

La lección de todo esto es bastante sencilla. Si bien es cierto que el manejo macro-económico puede intensificar y acelerar las crisis, si las empresas están operando con malos resultados, tarde que temprano la economía (y el sector bancario que les presta recursos) entrará en crisis.

Por ello, no deja de causar asombro ver la frecuencia con que funcionarios públicos, líderes empresariales y políticos critican a los banqueros porque la cartera de préstamos no crece más rápidamente. Parecería que la gran mayoría de los analistas económicos no acaba de entender la principal lección de todas las crisis financieras: no se puede cobrar más de lo que vale la cartera de préstamos. Si en estas carteras se han acumulado muchísimos préstamos malos, la crisis no tardará en manifestarse, tal como sucedió al sector financiero de Estados Unidos y ahora al de Europa.

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.