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Preparando líderes para el futuro

Esta mañana daré el discurso inaugural del evento de simulación de las Naciones Unidas que anualmente se realiza en el Colegio Americano. En el ejercicio, los alumnos asumen roles basados en las funciones que cumplen los delegados que representan a los diversos países miembros de esa organización. Esta es una de las experiencias académicas más importantes que los estudiantes tendrán durante su ciclo de estudios de preparatoria. Todos los alumnos de ese nivel participan.

La asignatura es representar los intereses políticos, económicos y sociales del país que obtienen por sorteo. Algunos representan grandes potencias mundiales; otros enfrentan la frustración de representar a países pequeños y débiles, cuya influencia es casi nula.

Cada estudiante debe prepararse para participar en el evento. Estudiar al país que representa familiarizándose con las condiciones históricas, políticas y económicas del mismo, con el fin de representar realistamente sus puntos de vista en los debates de la agenda temática.

La agenda que discuten es la misma que se está debatiendo en Naciones Unidas en estas fechas. Pero en la simulación los estudiantes ejercitan mucho más que sus facultades cognitivas. El propósito del ejercicio es que por medio de sus participaciones individuales y grupales, los alumnos influyan al máximo la discusión y resolución de los temas bajo consideración.

La simulación premia a los alumnos que mejor combinan sus facultades analíticas, discursivas y documentales. Se reconoce no solo el uso de la razón y retórica; si no también a los que mejor proyectan su personalidad y carisma.

Los compañeros de estudio seleccionan a los ganadores por votación. Todos son sometidos a un proceso riguroso de evaluación que los retroalimenta sobre la calidad de sus intervenciones y el esfuerzo que han realizado para ganar adeptos para sus causas.

El premio que reciben es dual: obtienen el reconocimiento de sus pares y posteriormente, los más destacados viajan a Harvard para participar en un
ejercicio similar en donde compiten contra los representantes de escuelas preparatorias de todo el mundo. Participar en el evento internacional tiene valor académico puesto que las universidades americanas toman tal participación en cuenta cuando evalúan a quién aceptar en sus programas.

Este ensayo del Colegio Americano me parece valioso. Una de las formas más efectivas de preparar ciudadanos es haciéndolos participar en ejercicios competitivos, que a la vez que ejercitan sus neuronas y capacidades retóricas, les enseñan a conducirse dentro de las reglas de un sistema ordenado para la toma de decisiones. Si en todas las escuelas del País se hicieran ejercicios equivalentes, el sistema escolarizado formaría muchos más líderes de alta calidad de los que actualmente prepara, y vaya que nos hacen falta.

La evidencia empírica sobre el desempeño de las escuelas públicas y privadas del País muestra que la gran mayoría de estas, ni siquiera se acerca a un estándar razonable de calidad. Los muchachos y muchachas que estudian en nuestras escuelas están a años luz de la experiencia académica y vivencial descrita en los párrafos anteriores. Esto es una tragedia, puesto que una de las pocas cosas que nuestra sociedad puede hacer por las generaciones de estudiantes, es dotarlas de los conocimientos y capacidades requeridas para competir con éxito en la economía globalizada.

Me aterra el hecho de que en relación a su población, Corea produce 60 veces más alumnos con rendimiento excelente en ciencias que los que producimos nosotros. Me desalienta saber que sin una buena educación nuestros hijos (y en mi caso, nietos) están condenados a competir en desventaja frente a sus pares de otros países.

En las escuelas del País hay decenas de miles de niños y niñas con capacidades intrínsecas excepcionales que solo requieren un pequeño empujón para sobresalir. El ejercicio del Colegio Americano sirve no solo para proveer a estos muchachos de una experiencia de desarrollo útil, sino también para descubrir a varios genios en potencia. Ojalá que así fuera en todas nuestras escuelas.

Una proporción elevada de los niños de ese Colegio proviene de familias que tienen recursos para pagar las colegiaturas que cobran. Otros muchos son becados por la escuela. Sea cual sea el caso, estos muchachos son muy afortunados. Los recursos que la escuela canaliza en formación, facilitan el desenvolvimiento intelectual de quienes ahí estudian; les enseñan a volar aunque sea sin alas. Pero, en el Colegio Americano, y en otros de equivalente calidad,estudian menos del uno por ciento de la población de estudiantes. ¿Qué va a suceder a todos los demás?

Roberto Newell G. es Economista y Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.