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¿Qué haría Lázaro Cárdenas?

Lázaro Cárdenas es el Presidente más admirado en la memoria de los mexicanos. El Tata de Jiquilpan respondió con firmeza al desacato de las empresas petroleras sobre las leyes nacionales y los laudos de la Suprema Corte. Estas compañías eran los poderes fácticos de aquella época. No respetaban los derechos laborales, tenían amañadas a su favor las leyes fiscales y, de acuerdo al propio discurso presidencial, incluso financiaron rebeliones armadas contra el mismo gobierno. En ese contexto ocurrió la expropiación petrolera de 1938. México y el mundo han cambiado mucho en los últimos 75 años. Hoy los marajás del sultanato sindical son los nuevos poderes fácticos del sector petrolero. Su descaro e impunidad recuerdan el comportamiento de las viejas compañías petroleras en tiempos del presidente Cárdenas. Uno de los objetivos de la reforma energética debe ser una re-nacionalización del patrimonio nacional, que funciona como negocio corporativo del sindicato. El PRD hace muy bien en definir el combate a la corrupción como un aspecto fundamental del debate sobre la reforma energética. La impunidad de Carlos Romero Deschamps no sólo representa una merma económica para el erario público, sino también le resta legitimidad social a cualquier empeño genuino por transformar el sector. ¿Qué haría hoy el General Lázaro Cárdenas ante el dilema de la reforma energética?

La pregunta es retórica, ociosa y además, no tiene respuesta. Lo que sí podemos saber es qué hizo y qué dejó de hacer el presidente Cárdenas para rediseñar la industria petrolera nacional en la primera mitad del siglo pasado. El decreto expropiatorio de 1938 le puso un alto a los abusos de las compañías petroleras, pero en ninguna parte prohíbe la participación privada en el sector de hidrocarburos. Una investigación historiográfica encabezada por Enrique Krauze encontró que la Ley Reglamentaria del 27 constitucional en materia de petróleo de 1939 sostenía: "Podrán celebrarse contratos con los particulares, a fin de que éstos lleven a cabo por cuenta del Gobierno federal los trabajos de exploración y explotación, ya sea mediante compensaciones en efectivo o equivalentes a un porcentaje de los productos que se obtengan" (Art. 7). El general Cárdenas se oponía a las arbitrariedades de poderes fácticos que pretendían operar por encima de la autoridad del Estado, pero no tenía problema con el papel de las empresas privadas en el desarrollo económico. En su Quinto Informe, en 1939, afirmó: "El Gobierno de la Revolución no desconoce la importancia de la ayuda que puede presentarle la inversión privada, la cual tiene legítimo campo de acción para fortalecer la economía nacional, y juzga que su actuación no es incompatible con la del Gobierno si se adapta a las exigencias de su programa de cuyos beneficios resultados a la postre disfrutará también". En noviembre de 1940, al cierre de su sexenio, Cárdenas impulsó una prohibición a las concesiones en materia de explotación de hidrocarburos. Sin embargo, la iniciativa privada aún tenía margen legal de operación vía distintos tipos contratos.

El monopolio y monopsonio actual de Pemex sobre el sector petrolero no es una herencia del periodo cardenista. Fue hasta 1958, cuando se modificó la Ley Reglamentaria del artículo 27 para reservar en exclusiva al Estado las áreas de exploración, explotación, refinación, trasporte, distribución, almacenamiento y venta de los hidrocarburos. En 1960, el presidente Adolfo López Mateos cerró en definitiva la puerta al capital privado con la prohibición constitucional de cualquier tipo de contratos. El marco jurídico del sector energético en 1940 era mucho más flexible a la inversión privada que el que tenemos 2013. Lázaro Cárdenas supo leer las circunstancias de su tiempo. Con valentía y pragmatismo, el general-presidente enfrentó a los poderes fácticos y permitió la coexistencia