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¿A qué sector meterle?

Genios como Karl Marx en la economía, o Sigmund Freud en la psicología, lanzaron preguntas inteligentes, pero que eran preguntas equivocadas. Derivado de esas preguntas, la economía y la psicología tomaron rutas equivocadas y llegaron a callejones sin salida, confundiendo investigadores durante el final del Siglo XIX y buena parte del Siglo XX. Por eso, en la vida y en la ciencia, es importante hacerse las preguntas correctas.
Derivado de las investigaciones de IMCO en materia de competitividad en México, muchas veces me preguntan en qué sectores vale la pena invertir. Realmente creo que esta pregunta no es correcta. Quizás (con un poco de vergüenza) debo decir que los economistas realmente no sabemos la respuesta a esa pregunta. Estudiar economía es un proyecto que tiene una tasa interna de retorno negativa, y eso debería ser evidencia suficiente de que los economistas no estamos capacitados para dar recomendaciones de inversión.

Por eso, John Maynard Keynes en su análisis sobre la inversión, la atribuía a los “instintos animales” de los inversionistas. No dudo que el feeling siga siendo lo que guía a muchos inversionistas profesionales, pero en estos tiempos es necesario analizar a fondo un negocio para definir si vale la pena invertirle o no. Confío en que el lector de Capital de México está en este grupo, y no en el que ve las inversiones como si se tratara de apuestas en el hipódromo.
La capacidad de los países para atraer y retener inversión y talento, que es la definición de competitividad del IMCO, también es aplicable a los diversos sectores de una economía. Un sector es más competitivo que otro si puede atraer y retener inversiones y talento. Sin embargo, como en otras cuestiones en las ciencias sociales, hay una falacia de agregación. También la competitividad de las empresas es la capacidad para atraer y retener inversiones y talento.
La mayor parte de los sectores tienen empresas buenas y malas. Hay empresas con modelos de negocio innovadores, agresivos, orientadas al crecimiento, administradas profesionalmente, con visión de largo plazo, donde los herederos no necesariamente se convertirán en gerentes, y donde los gerentes no necesariamente son los dueños.

Hay empresas que transforman sectores: su modelo de negocio es tan disruptivo que cambian la manera de hacer negocios de todas las demás empresas en su sector, e incluso en otros sectores de la economía.
Del otro lado de la moneda, hay empresas que no tienen una visión propia, que se conducen en la manera habitual de hacer negocios de un determinado sector o región, y que acaban adquiriendo más vicios que virtudes derivado de una práctica de negocios homogénea en donde no se agrega nuevo valor para el consumidor porque las empresas que compiten por su dinero en ese segmento simplemente se están asignando una pieza del pastel, no están reinventando el pastel. Según Schumpeter, un clásico menos famoso que Marx pero bastante más relevante, las empresas exitosas serán las segundas, no las primeras.

Hay sectores en México en los que no se puede invertir. Simplemente no hay activos en ese sector que estén a la venta para un inversionista. Sin embargo, no son la mayoría. En la mayor parte de los sectores económicos de México, hay posibilidades de reinventar el modelo de negocio, cambiar nociones preconcebidas de esa industria, y tener mejores utilidades que los demás. Métale al negocio que usted conozca, entienda, haya estudiado, o vea posibilidades de hacer mejor las cosas que los demás, y además hacerlo rentablemente.

Nuestro pesar futbolero es un buen ejemplo. Los medios en México se enfocaron en el clavado del holandés Robber (¡qué nombre más adecuado!), mientras que medios internacionales como The Guardian de Londres se concentraron en los cambios de estrategia de Louis Van Gaal, el entrenador de la naranja mecánica, que se impusieron sobre la estrategia del Piojo Herrera. No fue el futbol, ni cómo lo jugamos: es cómo lo dirigimos.

 

Publicado por Capital de México 

01-07-2014