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Utilidad de los Índices Universitarios

Amigos que me conocen, se burlan de mí y me aseguran que andar armando índices para saber cómo va el País en relación a otros es una forma de masoquismo. Posiblemente tengan la razón, pero creo que una patología mayor es negarse a conocer la situación relativa del País.

No conozco un solo ranking que tenga el reconocimiento y respeto de todas las comunidades de interés, ni siquiera los de IMCO. Cuando se habla de futbol, no falta algún experto que cuestiona los rankings de FIFA. También hay polémica sobre los rankings de restaurantes de la Guía Michelin, y un largo etcétera.

Todos los índices tienen virtudes y defectos. A veces sus defectos son tan notorios que se desacreditan y dejan de influir el debate. Pero cuando la metodología es robusta y se pone cuidado en el análisis; frecuentemente sucede lo contrario

Actualmente, hay índices que sirven para comparar muchas dimensiones del desempeño de las universidades. Algunos evalúan las universidades de un solo país. Tal es el caso del índice de Newsweek, que hace seguimiento a Estados Unidos. Otras instituciones, como Business Week, se especializan en hacer seguimiento a una sola disciplina, en este caso, administración. Lo cierto es que hay una gran variedad de índices que enfatizan diversos aspectos de la oferta educativa y que comparan el desempeño de las universidades desde muchas perspectivas.

Por ejemplo, los índices sirven para respaldar las decisiones de inversión que hacen miles de padres de familia e instituciones que financian a estudiantes. Un año de estudios en Harvard o MIT cuesta alrededor de 100 mil dólares, aun sin considerar los subsidios que reciben de filantropías y gobiernos.

Los rankings académicos también son útiles para potenciales empleadores. Durante mi vida profesional he trabajado para empresas que usan esta información para reducir sus costos y tiempos de búsqueda de talento. Cuando una universidad recurrentemente sale bien evaluada en los índices, las probabilidades son altas que sus egresados tengan mejores destrezas, conocimientos y habilidades que los de otras.

Los alumnos también se benefician de los rankings universitarios, primero en la toma de decisiones sobre dónde estudiar; después al gestionar su plan de estudios y posteriormente al colocarse entre potenciales empleadores. Conozco varios casos de personas que optaron por una especialidad no tanto por razones vocacionales, sino por el reconocimiento público institucional en cierta sub-disciplina.

Por último, la información de los índices también sirve para fortalecer la toma de decisión en las universidades. No conozco ningún académico responsable que esté dispuesto a quedarse pasivo cuando la universidad en que trabaja sale mal evaluada.

Por todo lo anterior, celebro que cada vez sea más común leer en medios cómo le va a nuestras universidades en la competencia internacional. Datos recientes muestran que las instituciones de nuestro País están lejos de ser punteros en la mayoría de las dimensiones que normalmente se evalúan. De hecho, hasta la fecha, muy pocas universidades mexicanas aparecen en estas listas, hasta donde he podido constatar solo UNAM, ITESM, e IPADE aparecen en las de mayor difusión. Pero percibo que las comunidades académicas parecen interesarse cada vez más en saber cómo les va a nuestras instituciones en los índices de excelencia. Esto lo pude constatar en una entrevista que tuve con un grupo de personas que están involucradas en la búsqueda del nuevo Rector del ITESM. Cuando pregunté que cuál era la principal tarea que este debía realizar me enteré que su misión sería colocar al Tec entre las 50 mejores universidades del mundo en diez años. Tal meta me parece formidable y digna de una institución como el ITESM. Me encanta ratificar que ahí se está formando una cultura de excelencia.

Lamentablemente, la gran mayoría de nuestras universidades caben dentro de la descripción de universidades “patito”. Esto no es porque en el entorno académico de México no haya grandes individualidades, se debe a que tenemos pocas instituciones académicas que estén a la altura de las mejores del mundo. Parte de esto posiblemente se deba a nuestra tradición universitaria; llama la atención que en la mayoría de los índices internacionales, los primeros 20 lugares los ocupan universidades anglo-sajonas que operan con base en el modelo liberal de Reino Unido. Pero, estoy seguro que otra parte de la razón se debe a que históricamente nuestras instituciones han sido renuentes de pasar por procesos rigurosos de evaluación que nos permitan conocer su desempeño relativo. Llegó el momento de cambiar esta situación y someter a todas las universidades de México a procesos comparativos que nos permitan saber dónde están paradas con respecto al resto del mundo.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo de IMCO, A.C. Las opiniones en esta columna son personales