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¿Quebrar a Pemex?

Una de los grandes tareas pendientes relacionadas con la modernización de la economía del País tiene que ver con la transformación de Pemex en una empresa productiva, moderna y transparente, que consistentemente aporte riqueza y valor agregado a los mexicanos.

En esto, Pemex tiene una enorme deuda pendiente con el País. En vez de generar riqueza y bienestar económico, durante décadas la empresa ha sido un barril sin fondo al cual el Gobierno echa mano para alimentar apetitos insaciables de diversos grupos de interés: proveedores, el STPRM, políticos nacionales y locales, grupos gansteriles que roban todo lo que se pueden, gasolina, petróleo, insumos industriales, etc.

La situación catastrófica de Pemex no es noticia para nadie, salvo para algunos ingenuos y un puñado de demagogos. Por ello, desde los ochenta, las áreas técnico-financieras del Gobierno federal trataron de reparar las prácticas económicas más onerosas, aunque con relativamente poco éxito. Esto se debió a que varios de los grupos que más se beneficiaban del caos y la corrupción que impera en Pemex hicieron todo lo posible para evitar que se instrumentaron cambios significativos.

Los resultados acumulados están a la vista: Pemex enfrenta cuatro problemas: uno de ellos de liquidez, los otros relacionados con su solvencia económica. Vayamos por partes.
El problema inmediato es de liquidez. El presupuesto de operación de 2016 se hizo pensando en lograr un precio promedio por barril de 50 dólares. El precio actual es de menos de la mitad de ese nivel y no se prevé que mejore. En consecuencia, la utilidad de operación y la generación de flujos de la empresa está muy lejos del nivel requerido para cumplir puntualmente con las obligaciones contraídas con proveedores y otros acreedores. De ahí que la tarea encomendada al nuevo director general sea procurar recortes de 100 mil millones de pesos a las cuentas de gasto corriente e inversión del ejercicio anual. Obviamente, esta tarea causará problemas a los proveedores de la empresa, a quienes se les debe más de 7 mil millones de dólares (alrededor de 160 mil millones de pesos).

Pero ese problema es comparativamente más sencillo de resolver que el reto de corregir los problemas económicos que amenazan la solvencia de la empresa.
Para empezar, el área de Producción y Exploración debe revertir la trayectoria decreciente de las reservas probadas. Durante varios años las reservas convencionales de Pemex han estado declinando y el propósito de reponer estas reservas con recursos no-convencionales no se ha podido cumplir (y a los precios actuales del petróleo, probablemente la meta sea incumplible). La permanencia económica de la empresa depende de que se revierta esta tendencia. Como van las cosas no se puede ser optimista.

Otro de los restos tiene que ver con el exceso de personal en nómina. Hay varios cálculos al respecto que estiman que la empresa tiene de 2 a 4 veces más personal del que debería. Cualquiera que sea la estimación más objetiva, estos excesos son intolerables y deben ser eliminados. Pero el reto no es sólo adelgazar la nómina, también es indispensable reducir el paquete de prestaciones que recibe el personal, el cual es grotescamente más caro que el de los trabajadores del sector privado. Todo esto significa estar dispuesto a asumir los costos políticos de enfrentar al Sindicato y a sus representantes políticos.

El último problema está estrechamente vinculado con el anterior. Pemex tiene un enorme pasivo laboral no-fondeado con cientos de miles de trabajadores jubilados y otros tantos que actualmente están empleados. La empresa está tratando de resolver este problema mediante negociaciones con el Sindicato para modificar el plan de pensiones. Tales cambios, sin embargo, sólo involucran a los empleados con menos de 15 años de antigüedad y a los nuevos empleados que contrate Pemex. Sin duda, esta negociación reducirá el costo del pasivo laboral. Pero, aunque esta iniciativa apunta en la dirección correcta, la reducción de costos implícita sigue siendo insuficiente. Como en el caso de la Compañía de Luz y Fuerza, todo apunta a que, para salir adelante, Pemex debe pasar por un proceso de quiebra que ponga un punto final a un contrato laboral cuyas condiciones son tan onerosas que son impagables.

Publicado por Reforma
15-02-2015