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¿Quo Vadis, Europa?

La semana pasada estuve en Bélgica y Alemania invitado por la Fundación Friederich Naumann (Por La Libertad), que es el think-tank del partido liberal alemán. Después de la locura que envolvió a Alemania en la década de 1940, el parlamento alemán de la posguerra pasó leyes que hacen que cada partido político invierta en instituciones de esa naturaleza, que eduquen al público sobre valores democráticos fundamentales y que se evite que la insanidad de 1939-45 vuelva a ocurrir en la historia de la humanidad.

El presidente Putin de Rusia pareciera tener ideas bastante diferentes al respecto. Creo que todos tenemos que estar preocupados por estas agresiones contra Ucrania que se parecen enormemente a la invasión alemana en Polonia en 1939.
En este momento, Europa está en una encrucijada. Los costos de la sociedad que han construido son muy elevados. El costo laboral es muy alto y en general, la productividad es baja. El poder adquisitivo de la moneda europea no corresponde con la productividad general de los factores de todas las economías participantes en la Comunidad Europea. Por ello, están negociando un tratado de libre comercio con los Estados Unidos, llamado Sociedad Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP). Dado que la OMC y Doha han resultado ser lentos y relativamente decepcionantes, Europa está aprendiendo de la estrategia mexicana, suscribiendo tratados bilaterales por el mundo.

Tengo muchas dudas respecto a TTIP, y no termino de resolverlas, a pesar de la buena voluntad para responder a mis preguntas de mis interlocutores europeos. La primera es qué va a poner Europa en la mesa, además de sus mercados de consumo y del gran acervo de patentes, innovación y marcas que tienen. Sus ventajas comparativas no están en la mano de obra, el capital, ni la energía. El desarrollo reciente de la relación con Rusia acaba de complicarles el suministro estratégico del gas que necesitan para sobrevivir y poner a funcionar sus economías. A la vez, se están quedando sin recursos para los subsidios agrícolas, que se han convertido en un lastre.

Europa tendría que tomar mucho más liderazgo en la creación de un mercado global de gas, dado que la fuente de abastecimiento rusa se le está complicando. También, tendría que tener medidas mucho más fuertes para estimular la productividad de muchos países miembros, lo cual implica un rediseño de los subsidios que desincentivan la participación en el mercado laboral y la productividad. También tendría que traer a la mesa a socios como México que les permitan presentar un conjunto de ventajas comparativas más amplio para su negociación con los norteamericanos. Finalmente, tendrían que aceptar que muchos sectores actuales de su economía no podrían existir en su estado actual bajo una dinámica de libre comercio. O modernizan sus servicios y su agricultura, o estos simplemente no podrán competir con los de Estados Unidos.

En esta discusión, me da gusto darme cuenta que vivo en un país con más libertades económicas que Europa, y mucho más integrado a la economía global que el viejo continente. También, me preocupa que no estemos pensando, como Europa, en una liberalización mucho más amplia de nuestros sectores agrícolas, de construcción y servicios. Buena parte de la razón de por qué México no ha crecido más en los últimos 20 años, está ahí. El bajo crecimiento no es producto del libre comercio, como argumentan los globalifóbicos.

Los sectores manufactureros, más abiertos de nuestra economía, crecen a tasas que en algunos casos son mayores incluso que las de China. La autocomplacencia puede ser nuestro peor enemigo, y es necesario que la economía mexicana continúe en el proceso de apertura comercial que se inició en 1986. La libre movilidad de factores de producción, especialmente el trabajo, puede ser la piedra de toque, y México debe tomar liderazgo en el mundo para que eso ocurra rápidamente.

Publicado por Capital de México
25-03-2014