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Razones para ser optimista

Es probable que esté delirando, pero percibo en el medio ambiente una mayor apertura al cambio que en cualquier otro momento de nuestra historia reciente, y no, no es porque el PRI vaya a la Presidencia, aunque no descarto que algo de lo anterior se deba a eso. A continuación presento algunas razones por las que estoy más optimista de lo normal:

- La iniciativa preferente del mercado laboral que envió el Presidente al Congreso mejorará el funcionamiento del mercado de trabajo. Lo que más me gusta de la reforma es la redefinición de la jornada mínima de trabajo. Este cambio facilitará la incorporación de mujeres y jóvenes al mercado formal de trabajo aun cuando estas personas no puedan trabajar a tiempo completo porque tienen otras obligaciones en sus casas y escuelas que deben cumplir. Pero la reforma bajo consideración tiene otras virtudes, sobre todo la que pone un límite a los salarios caídos que deben pagar los patrones cuando pierden un juicio laboral. La forma en que opera actualmente sólo beneficia a un conjunto de especialistas que aprovechan las condiciones de la Ley actual para extorsionar a empresas pequeñas que no cuentan con los recursos para defenderse.

- También me gusta la otra iniciativa preferente que está relacionada con la transparencia y rendición de cuentas de los Estados. Si seguimos en la dirección actual, los excesos de los gobernantes locales conducirán a una crisis fiscal, como ya les sucedió a Brasil y Argentina a fines de los noventa. Esta reforma sirve para garantizar la estabilidad de las finanzas públicas del País y pone un límite a la impunidad de gobernantes corruptos.

- Me gusta el hecho de que el Gobierno entrante y el saliente han encontrado fórmulas para una entrega/recepción ordenada de las funciones de gobierno. La civilidad que ha caracterizado las reuniones entre el Presidente electo y el Presidente han sido un modelo que ha inspirado conductas análogas entre los funcionarios que se van y los miembros del equipo de transición.

- Me complace la salida de AMLO del PRD. Sé que en el corto plazo su salida significará la pérdida de una cuota de votos que se emitían a favor del líder y no del partido, pero el cambio era necesario para que el PRD pudiera convertirse en un partido de izquierda moderna. Ojalá que el vacío que deja AMLO sea aprovechado por personas cercanas a los líderes más modernos de ese partido. En el corto plazo estoy seguro de que habrá un conflicto entre rudos y técnicos. Les voy a los técnicos; puesto que la modernización integral del sistema político depende de que el País cuente con una izquierda moderna que equilibre las demás fuerzas.

- Me da gusto ver que la Suprema Corte por fin se involucre en el debate sobre la modificación de la concesión de Telmex para que esa empresa pueda participar en la televisión. Urge definir las reglas del juego para las telecomunicaciones en todos y cada uno de sus mercados. La televisión es sólo una de ellas. Llevamos años de indefinición; los resultados están a la vista.

- También me da gusto saber que varios de los principales líderes del PRI, entre ellos su Presidente, piden reformar el funcionamiento del partido para mejorar la representatividad y equilibrio de las partes que lo conforman. El PRI ya logró su principal objetivo, regresar a Los Pinos, ahora lo que le urge es transformarse y modernizar sus estructuras para convertirse en un partido moderno a la altura de los retos de un País que todavía debe dar varios pasos más para consolidar sus instituciones y competir con éxito en la economía global actual.

- Me causa optimismo saber que hay coincidencias entre la interpretación que hacen los representantes del Gobierno entrante y los del actual sobre las reformas que se deben hacer al funcionamiento del mercado petrolero. Para abreviar los tiempos requeridos para convertir las reservas posibles en aguas profundas en reservas probadas se deben complementar las capacidades de Pemex con las de otras empresas. El PRI y el PAN parecen coincidir en que el objetivo no es maximizar el involucramiento de Pemex en las actividades de exploración y producción de petróleo, sino maximizar el valor económico de los recursos disponibles.

Estoy más optimista hoy que en un buen rato. Me da gusto ver que se están logrando acuerdos entre los representantes de los diversos partidos; tales acuerdos puedan sentar las bases para otros cambios indispensables.

Probablemente estoy loco, pero quiero seguir soñando. Por favor, no me despierten todavía.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.